DIA 207--Nehemías 7--8 Proverbios 27,1-14 Colosenses 3



Nehemías 7
1 Cuando hube terminado la muralla, instalé ambas puertas y coloque allí porteros. 2 Le encargué entonces a mi hermano Janani la administración de Jerusalén y entregué el mando de la fortaleza a Jananías, porque era un hombre de confianza que temía a Dios mucho más que los demás. 3 Les dije: «Las puertas de Jerusalén serán abiertas sólo cuando el sol comience a calentar, y aun cuando éste esté todavía en lo alto del cielo, se deberán cerrar las puertas y ponerles candado. Se dispondrán turnos de guardia entre los habitantes de Jerusalén; unos permanecerán en sus puertas y otros delante de su casa.
La nueva población
4 La ciudad era grande y extensa, pero la población era poco numerosa y las casas no habían sido reconstruidas aún. 5 Por eso mi Dios me inspiró que reuniera a los nobles, a los funcionarios y al pueblo para hacer un censo por familia. Tomé en mi mano el libro donde estaban inscritos, por familia, los que habían vuelto primero, y allí leí lo siguiente:
6 Lista de la gente de la provincia que retornaron del cautiverio, de los deportados que Nabucodonosor rey de Babel había desterrado y que regresaron a Jerusalén y a Judá, cada cual a su ciudad. 7 Estos son los que volvieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvay, Nejum y Baana.
7 Cantidad de hombres del pueblo de Israel: 8 hijos de Pareós: 2.172; 9 los de Safatías: 372; 10 los de Ara: 652; 11 los de Pajat-Moab (es decir los hijos de Josué y de Joab): 2.818; 12 los de Elam: 1.254; 13 los de Zatú: 845; 14 hijos de Zacay: 760; 15 hijos de Binuí: 648; 16 hijos de Bebay: 628; 17 hijos de Azgad: 2.322; 18 hijos de Adonicam: 667; 19 hijos de Bigvay: 2.067; 20 hijos de Adín: 655; 21 hijos de Ater (es decir Hizquías): 98; 22 hijos de Jasum: 328; 23 hijos de Besay: 324; 24 hijos de Jarif: 112; 25 hijos de Gabaón: 95; 26 hombres de Belén y de Netofa: 188; 27 hombres de Anatot: 128; 28 hombres de Bet-Azmavet: 42; 29 hombres de Quiriat-Yearim, Quefira y Beerot: 743; 30 hombres de Ramá y Gueba: 621; 31 hombres de Micmas: 122; 32 hombres de Betel y de Ay: 123; 33 hombres del otro Nebo: 52; 34 los hijos del otro Elam: 1.254; 35 los hijos de Yarim: 320; 36 los hijos de Jericó: 345; 37 los hijos de Lod, Jadid y Ono: 721; 38 los hijos de Senaa: 3.930.
39 Sacerdotes: hijos de Yedaías (es decir la casa de Josué): 973; 40 hijos de Immer: 1.052; 41 hijos de Pasejur: 1.247; 42 hijos de Yarim: 1.017; 43 levitas: hijos de Josué (es decir Cadmiel), hijos de Jodías: 74; 44 cantores: hijos de Asaf 148; 45 porteros: hijos de Salum, hijos de Ater, hijos de Talmón, hijos de Acub, hijos de Hatita, hijos de Sobay: 138;
46 sirvientes: hijos de Sija, hijos de Jasufa, hijos de Tabaot, 47 hijos de Querós, hijos de Sía, hijos de Padón, 48 hijos de Lebana, hijos de Hagaba, hijos de Salmay, 49 hijos de Janán, hijos de Gidel, hijos de Gahar, 50 hijos de Reaías, hijos de Resín, hijos de Necoda, 51 hijos de Gazam, hijos de Uza, hijos de Pasea, 52 hijos de Besay, hijos de los Meunitas, hijos de los Nefusitas, 53 hijos de Bacbuc, hijos de Jacufa, hijos de Harjur, 54 hijos de Baslit, los de Mejida, los de Harsa, 55 los de Barcos, los de Sisra, los de Tema, 56 los de Nesia, los de Jatifa; 57 hijos de los esclavos de Salomón: hijos de Sotay, hijos de Soferet, hijos de Perida, 58 hijos de Jaala, hijos de Darcón, hijos de Gidel, 59 hijos de Safatías, hijos de Jatil, hijos de Poqueret-ha-Sebayim, hijos de Amón. 60 Total de sirvientes y esclavos de Salomón 392.
61 Los sobrevivientes que provenían de Tel-Melá, de Tel-Jarsá, de Querub, de Adán y de Immer no pudieron decir si sus familias y sus clanes eran de Israel: 62 hijos de Delaías, hijos de Tobías, hijos de Necoda 642. 63 Entre los hijos de sacerdotes, los hijos de Hobaías, los de Jacós y los de Barsilay (ese hombre había adoptado el nombre de Barsilay de Ga laad, con una de cuyas hijas se había casado), 64 todos esos buscaron sus listas genealógicas, pero no las hallaron; por eso fueron descartados del sacerdocio como impuros. 65 El gobernador les prohibió que comieran alimentos sagrados hasta que un sacerdote solucionara la cuestión por el Urim y el Tumim. 66 Toda la asamblea sumaba 42.360 personas, 67 sin contar los esclavos y los sirvientes que llegaban a 7.337; también había 245 cantores entre hombres y mujeres. 68 Se contaron 435 camellos y 6.720 burros.
69 Algunos jefes de familia hicieron donaciones para los trabajos. El gobernador dio para el fondo común 1.000 piezas de oro, 50 copas y 30 túnicas para los sacerdotes. 70 Para los trabajos algunos jefes de familia entregaron al fondo común 20.000 piezas de oro y 2.200 minas de plata. 71 Las demás donaciones hechas por el resto del pueblo ascendieron a 20.000 piezas de oro, 2.000 minas de plata y 67 túnicas para los sacerdotes.
72 Los sacerdotes, los levitas y una parte del pueblo se quedaron a vivir en Jerusalén; los cantores, los porteros, los sirvientes y todos los demás israelitas se fueron a vivir en sus ciudades. Cuando llegó el séptimo mes, los israelitas ya estaban en sus ciudades.



Nehemías 8
Esdras lee el libro de la Ley delante del pueblo

1 Todo el pueblo se juntó como un solo hombre en la plaza, frente a la puerta de las Aguas. Pidieron entonces al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yavé había ordenado a Is rael. 2 El sacerdote Esdras presentó la Ley ante la asamblea, que estaba compuesta por hombres, mujeres, todos aquellos que estaban en edad de la razón. Era el primer día del séptimo mes. 3 Estuvo leyendo el libro desde la mañana hasta el mediodía, frente a los hombres, mujeres y niños en edad de comprender que estaban reunidos en la plaza, delante de la puerta de las Aguas. Todo el pueblo prestaba mucha atención al libro de la Ley.
4 El escriba Esdras estaba en una tarima de madera construida para esa ocasión. Matitías, Sema, Anaías, Urías, Hilquías y Maaseías estaban cerca de él a su derecha. Pedaías, Micael, Malquías, Jasum, Jasbadana, Zecarías y Mesulam estaban a su izquierda.
5 Esdras dominaba a todo el mundo; abrió el libro ante todo el pueblo, y cuando lo abrió, todos se pusieron de pie. 6 Entonces Esdras bendijo a Yavé, el Gran Dios, y todo el pueblo respondió con las manos en alto: «¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante de Yavé con el rostro en tierra. 7 Josué, Bani, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodías, Maaseías, Quelita, Azarías, Yozabad, Janán y Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo, mientras éste permanecía de pie. 8 Esdras leyó el libro de la Ley de Dios, e iba traduciendo y explicando el sentido para que comprendieran la lectura.
9 En esa ocasión, su excelencia Nehemías y el sacerdote escriba Esdras, junto con los levitas que instruían al pueblo, le dijeron a éste: «¡Este es un día santo para Yavé, nuestro Dios! ¡No estén tristes! ¡No lloren!» Pues todo el pueblo estaba llorando mientras oía las palabras de la ley. 10 Le dijeron además: «¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!» 11 Los levitas consolaban al pueblo diciéndole: «¡Que no se oigan estos lamentos! ¡Este es un día santo, no lloren más!» 12 Y todo el pueblo se dispersó para comer, beber, compartir y dar rienda suelta a su alegría, porque habían entendido las palabras que se les había enseñado.
13 Al segundo día, los jefes de familia del pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto al escriba Esdras para estudiar las palabras de la Ley. 14 En la Ley que Yavé había ordenado por boca de Moisés encontraron esto escrito: «Los hijos de Israel vivirán en chozas durante la fiesta del séptimo mes». 15 Inmediatamente hicieron publicar esta proclama en todas las ciudades y en Jerusalén: «Vayan al cerro y traigan ramas de olivo, de pinos, de sicómoros, de palmeras y de otros árboles para que hagan chozas, tal como está escrito».
16 Salió pues el pueblo y trajo ramas e hicieron chozas en las terrazas, en los patios, en los patios del Templo de Dios, en la plaza frente a la puerta de las Aguas y en la plaza al lado de la puerta de Efraín. 17 Toda la asamblea, todos los que habían vuelto del destierro, hicieron chozas y vivieron en ellas. Desde la época de Josué, hijo de Nun, hasta ese entonces, no ha bían hecho nada igual los hijos de Israel; era una fiesta extraordinaria. 18 Día tras día se fue leyendo el libro de la Ley de Dios, desde el primero al último día. La fiesta duró siete días, y al octavo día hubo, según la Ley, una asamblea solemne



Proverbios 27,1-14
1 No te jactes del día de mañana: no sabes lo que te reserva ese día.
2 Otro puede hacer tu elogio, pero no tú; otro hablará, no tú.
3 La piedra es pesada y la arena cansadora para caminar; más pesados todavía son los rencores del insensato.
4 La cólera es cruel, el furor tiene sus excesos, pero ¿quién puede hacer frente a la envidia?
5 Más vale una reprensión franca que rencores disimulados.
6 El que te quiere te aporrea; el enemigo te abraza hipócritamente.
7 La boca satisfecha rechaza la miel, a la hambrienta, lo amargo le parece dulce.
8 Como un ave que vuela errante lejos de su nido, así es el hombre que anda lejos de su hogar.
9 El aceite y los perfumes alegran el corazón, la dulzura de la amistad reconforta el alma.
10 No renuncies a tu amigo ni al amigo de tu padre; un amigo cerca vale más que un hermano lejos.
11 Hijo mío, hazte sabio y me darás alegría; así tendré que responder al que me insulta.
12 El hombre cuidadoso advierte el peligro y se pone a salvo; los ingenuos siguen adelante y lo pagan.
13 ¡Quítale su manto porque sirvió de aval a otro, cóbrale la deuda de un extraño!
14 Si uno desea el bien a su vecino gritándole muy fuerte, a lo mejor le desea el mal.



Colosenses 3
Busquen las cosas de arriba

1 Si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. 2 Preocúpense por las cosas de arriba, no por las de la tierra. 3 Pues han muerto, y su vida está ahora escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando se manifieste el que es nuestra vida, también ustedes se verán con él en la gloria.
5 Por tanto, hagan morir en ustedes lo que es «terrenal», es decir, libertinaje, impureza, pasión desordenada, malos deseos y el amor al dinero, que es una manera de servir a los ídolos. 6 Tales cosas atraen los castigos de Dios.
7 Ustedes siguieron un tiempo ese camino, y su vida era así. 8 Pues bien, ahora rechacen todo eso: enojo, arrebatos, malas intenciones, ofensas y todas las palabras malas que se pueden decir.
Pónganse el vestido nuevo
9 No se mientan unos a otros: ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus vicios 10 y se revistieron del hombre nuevo que no cesa de renovarse a la imagen de su Creador hasta alcanzar el perfecto conocimiento. 11 Ahí no se hace distinción entre judío y griego, circunciso e incircunciso; extranjero, bárbaro, esclavo o libre, sino que Cristo es todo en todos.
12 Pónganse, pues, el vestido que conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos: la compasión tierna, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia. 13 Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo.
14 Por encima de esta vestidura pondrán como cinturón el amor, que lo hace todo perfecto. 15 Así la paz de Cristo reinará en sus corazones, pues para esto fueron llamados y reunidos. Finalmente, sean agradecidos.
16 Que la palabra de Cristo habite y se sienta a gusto en ustedes. Tengan sabiduría para que puedan enseñar y aconsejar unos a otros; canten a Dios de todo corazón y con gratitud salmos, himnos y alabanzas espontáneas. 17 Y todo lo que puedan decir o hacer, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Sobre la obediencia
18 Esposas, sométanse a sus maridos como conviene entre cristianos. 19 Maridos, amen a sus esposas y no les amarguen la vida. 20 Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque eso es lo correcto entre cristianos. 21 Padres, no sean pesados con sus hijos, para que no se desanimen.
22 Siervos, obedezcan en todo a sus amos de la tierra; no sólo en presencia del patrón o para ganar en consideración, sino con sinceridad, porque tienen presente al Señor. 23 Cualquier trabajo que hagan, háganlo de buena gana, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres. 24 Bien saben que el Señor los recompensará dándoles la herencia prometida. Su señor es Cristo y están a su servicio. 25 El que no cumple recibirá lo que merece su maldad, pues Dios no hará excepciones a favor de nadie.


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