DIA 204--Esdras 9--10 Proverbios 25,15-28 Efesios 6



Esdras 9
El asunto de los que se casaron con mujeres extranjeras
1 Después de eso, se me acercaron los jefes, diciéndome: «El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de todos esos pueblos cananeos, hititas, pereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios o amorreos, cuyas prácticas son abominables. 2 Han tomado a sus hijas para ellos y para sus hijos, y la raza santa se ha mezclado con los pueblos del país. Los jefes y los responsables han sido los primeros en pecar de ese modo».
3 Al oír eso rasgué mi túnica y mi manto, me arranqué los cabellos y la barba y muy conmovido me fui a sentar. 4 Entonces todos los que temían la palabra del Dios de Israel con respecto a ese pecado de los desterrados, se juntaron a mi alrededor y yo seguí allí muy conmovido hasta la ofrenda de la tarde. 5 En el momento de la ofrenda de la tarde, salí de mi abatimiento, y con la túnica y el manto rasgados, me puse de rodillas. Extendí las manos hacia Yavé mi Dios 6 y le dije:
6 «Estoy tan avergonzado y confundido que no me atrevo a levantar mi cara hacia ti, Dios mío. Nuestras faltas se han acumulado de tal forma que han sobrepasado nuestras cabezas, y nuestro pecado ha subido hasta el Cielo. 7 Desde los tiempos de nuestros padres hasta ahora no hemos dejado de pecar delante de ti, y por culpa de nuestras faltas, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes fuimos entregados a los reyes de las naciones paganas, condenados a la espada, al cautiverio y al pillaje, y aún hoy llevamos la vergüenza en nuestro rostro. 8 Desde hace un tiempo Yavé, nuestro Dios, nos ha manifestado su bondad: nos dejó un pequeño resto de sobrevivientes y nos permitió poner un pie en su Lugar Santo. Nuestro Dios quiso darles un poco de luz a nuestros ojos y darnos vida en nuestra esclavitud. 9 Seguimos como esclavos, pero nuestro Dios no nos ha abandonado en esta esclavitud, pues nos cubrió con su misericordia frente a los reyes de Persia. Nos ha dado un respiro, la Casa de nuestro Dios ha resurgido de sus ruinas, nos ha devuelto las murallas de Judá y de Jerusalén.
10 Por eso, ahora, Dios nuestro, ¿qué más podemos decir? Pues no hicimos caso de tus mandamientos 11 ni de las advertencias que nos hacías por boca de tus servidores los profetas: El país donde van a entrar y que será su herencia es un país manchado por la impureza de los pueblos paganos. De un extremo al otro lo han llenado de impurezas con sus prácticas vergonzosas. 12 No den, pues, sus hijas en matrimonio a los hijos de ellos ni tomen sus hijas para los hijos de ustedes. No hagan nada por su felicidad y prosperidad. Si actúan según mi Ley, ustedes serán poderosos, comerán los productos del país y lo dejarán como herencia a sus hijos para siempre.
13 Nos han ocurrido muchas desgracias debido a nuestras prácticas malvadas y a nuestro gran pecado; tú, sin embargo, Dios nuestro, no te has fijado más que en un poco de nuestras faltas y nos has dejado a los sobrevivientes que están aquí. 14 ¿Vamos, una vez más, a violar tus mandamientos y a unirnos en matrimonio con esos abominables? Ciertamente que tú te enojarás con nosotros y nos destruirás de tal forma que no quede ni un resto ni sobrevivientes. 15 Yavé, Dios de Israel, es un hecho que eres justo, pues nos has dejado un resto, unos sobrevivientes. Aquí estamos, pues, ante ti, con nuestro pecado; pero, ¿cómo permanecer así en tu presencia?»



Esdras 10
Expulsión de las mujeres extranjeras

1 Esdras hacía esta oración y esta confesión, entre sollozos y postrado delante del Templo de Dios, mientras una gran multitud de israelitas, hombres, mujeres y niños se congregaban alrededor de él; el pueblo también sollozaba a gritos. 2 Secanías, hijo de Jequiel, uno de los hijos de Elam, tomó la palabra y dijo a Esdras: «Si bien traicionamos a nuestro Dios tomando mujeres extranjeras de entre los pueblos del país, todavía hay esperanza para Israel. 3 Vamos a comprometernos solemnemente ante nuestro Dios a mandar de vuelta a todas nuestras mujeres extranjeras y a los hijos que nacieron de ellas. De esa manera obedeceremos los consejos de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios. ¡Sí, vamos a actuar según la ley! 4 Levántate, ya que es asunto tuyo. Nosotros estamos contigo. Ten valor y pon manos a la obra».
5 Esdras entonces se levantó y pidió a los jefes de los sacerdotes y de los levitas y a todo Israel que juraran que iban a hacer lo que se había dicho, y ellos juraron. 6 Esdras salió del Templo de Dios y se fue a la pieza de Yojanán, hijo de Eliasib, donde pasó toda la noche sin comer pan ni beber agua, porque estaba sumido en la tristeza, debido a la infidelidad de los exiliados.
7 Se publicó un bando en Judá y en Jerusalén para todos los que habían sido desterrados, que debían reunirse en Jerusalén. 8 Si alguien —decía el bando de los jefes y de los ancianos— no comparecía dentro de tres días, todos sus bienes serían condenados al anatema y hasta él mismo sería rechazado de la comunidad de los desterrados. 9 Al tercer día se reunieron en Jerusalén todos los hombres de Judá y de Benjamín; era el veinte del noveno mes. Todo el pueblo estaba en la plaza, delante del Templo de Dios. La gente temblaba tanto a causa de los acontecimientos como porque estaba lloviendo.
10 Entonces se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: «Ustedes han sido infieles, se han casado con mujeres extranjeras y han aumentado así la culpa de Israel. 11 Pero ahora, reconozcan su falta delante de Yavé, el Dios de sus padres y hagan lo que se les manda: sepárense de la gente del país y de las mujeres extranjeras». 12 Toda la asamblea respondió a una sola voz: «Tú has hablado muy bien; ahora no nos queda más que actuar. 13 Pero, como el pueblo es numeroso y estamos en la estación de las lluvias, no podemos quedarnos a la intemperie, además que el problema no se solucionará en un día ni dos. Muchos de nosotros cometimos ese pecado. 14 Por lo tanto, que nuestros jefes se queden aquí durante toda la asamblea, y todos los que en nuestras ciudades se hayan casado con mujeres extranjeras vendrán en la fecha que se les indique, y con ellos vendrán también los ancianos de cada ciudad y los jueces, hasta que se haya apartado de nosotros la cólera de nuestro Dios por este motivo».
15 Sólo se opusieron a esto Yonatán, hijo de Asajel y Yajzía, hijo de Ticúa; los apoyaban Mesulam y el levita Sabtay. 16 Pero los exiliados hicieron lo que se les había propuesto; el sacerdote Esdras eligió para cada casa jefes de familia, designados personalmente. Comenzaron a sesionar el primer día del décimo mes para atender todos los casos, 17 y el primer día del primer mes habían terminado de solucionar el problema de los que se habían casado con mujeres extranjeras.
18 Esta es la lista de los que se habían casado con mujeres extranjeras: de entre los sacerdotes, entre los hijos de Josué, hijo de Yosadac, y entre sus hermanos: Maaseías, Eliezer, Yarib y Geldaía. 19 Juraron despachar a sus mujeres y ofrecer un carnero como sacrificio de reparación por su pecado; 20 entre los hombres de Immer: Janani y Zebadía; 21 entre los hijos de Jarim: Maaseías, Elías, Semarías, Jejiel y Uzía; 22 entre los hijos de Pasejur: Elionay, Maaseías, Ismael, Nataneel, Yozabad y Eleasa; 23 entre los levitas: Yozabad, Simei, Quelaía —o lo mismo que Quelita— Petaías, Jejuda y Eliezer; 24 entre los cantores: Eliasib y Zacur; entre los porteros: Salum, Telem y Uri; 25 y entre los israelitas: de los hijos de Pareos: Ramías, Jicías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquía y Benaía; 26 de los hijos de Elam: Matanías, Zecarías, Jejiel, Abdi, Jeremot y Elía; 27 de los hijos de Zatú: Elioenay, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza; 28 de los hijos de Bebay: Yojanán, Yanaías, Zabaj, Atlay; 29 de los hijos de Bigvay: Mesulam, Maluc, Jedaías, Yasub, Jisal, Jeremot; 30 de los hijos de Pajat-Moab: Adna, Quelal, Benaías, Maaseías, Matanías, Besaleel, Binuy y Menasé; 31 de los hijos de Jarim: Eliezer, Jisiías, Malquías, Se maías, Simeón, 32 Benjamín, Maluc, Semaría; 33 de los hijos de Yasum: Matenay, Matatías, Zabad, Elifelet, Jeremay, Menasé, Simey; 34 de los hijos de Bani: Maaday, Amram, Yoel, 35 Benaías, Bedías, Quelaías, 36 Vamías, Meremot, Eliasib, 37 Matanías, Matenay y Yaasay; 38 de los hijos de Mirmi: Simei, 39 Selemías, Natán y Adaía; 40 de los hijos de Zacay: Sasay, Saray, 41 Azaieel, Selemías, Semarías, 42 Salum, Amarías, Yosef; 43 de los hijos de Nebo: Jeiel, Matitías, Zabad, Zebina, Yadaí, Yoel, Benaía.
44 Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras, y las mandaron de vuelta junto con sus hijos.



Proverbios 25,15-28
15 Con perseverancia se puede convencer al juez; la lengua blanda rompe el hueso.
16 Si has encontrado miel, cómela con moderación. No exageres, pues la vomitarás.
17 No vayas demasiado a casa de tu prójimo: podría cansarse y tomarte antipatía.
18 Una masa, una espada, una flecha puntiaguda, tal es el hombre que habla falsedades de su prójimo.
19 Un diente cariado, un pie torcido, así es el apoyo de un hipócrita, cuando te vaya mal.
20 ¿Tomarías su manto en un día de invierno, derramarías vinagre en su herida? No entones una canción alegre delante de los que sufren.
21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. 22 Así amontonarás brasas sobre su cabeza y Yavé te lo recompensará.
23 El viento del norte produce la lluvia, y los subentendidos hipócritas, rostros enojados.
24 Más vale quedarse en un rincón del granero que compartir su casa con una mujer peleadora.
25 Como agua fresca para una garganta sedienta, así es una buena noticia que llega de lejos.
26 Un manantial sucio, una fuente contaminada, tal es el hombre honrado que cede a la presión de un malvado.
27 No conviene comer demasiada miel: ¡cuidado con los honores!
28 Una ciudad abierta, sin defensas, así es el hombre que no controla sus impulsos.



Efesios 6
Hijos, padres, siervos y patrones

1 Hijos, obedezcan a sus padres, pues esto es un deber: Honra a tu padre y a tu madre. 2 Es, además, el primer mandamiento que va acompañado de una promesa: 3 para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra. 4 Y ustedes, padres, no sean pesados con sus hijos, sino más bien edúquenlos usando las correcciones y advertencias que pueda inspirar el Señor.
5 Siervos, obedezcan a sus patrones de este mundo con respeto y responsabilidad, con corazón sincero, como quien obedece a Cristo. 6 No se fijen en si son vigilados o si ganarán consideración, pues ustedes son siervos de Cristo que hacen con gusto la voluntad de Dios. 7 Hagan su trabajo con em peño, por el Señor y no por los hombres, 8 sabiendo que el Señor re tribuirá a cada uno según el bien que haya hecho, sea siervo o sea libre.
9 Y ustedes, patrones, actúen con sus siervos de la misma manera y dejen a un lado las amenazas; tengan presente que ellos y ustedes tienen en el cielo un mismo Señor, y que ése no hace distinción de personas.
Háganse fuertes
10 Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con su energía y su fuerza. 11 Lleven con ustedes todas las armas de Dios para que puedan resistir las maniobras del diablo. 12 Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba.
13 Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. 14 Tomen la verdad como cinturón y la justicia como coraza; 15 estén bien calzados, listos para propagar el Evangelio de la paz. 16 Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. 17 Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios.
18 Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo en favor de todos los santos, sus hermanos. 19 Rueguen también por mí, para que, al hablar, se me den palabras y no me falte el coraje para dar a conocer el misterio del Evangelio 20 cuando tenga que presentar mi defensa, pues yo soy embajador encadenado de este Evangelio.
21 Si quieren noticias de mí y de lo que hago, se las dará Tíquico, nuestro hermano querido y ministro fiel en el Señor. 22 Lo mando precisamente para que les dé noticias nuestras y los conforte a todos.
23 Que la paz, el amor y la fe vengan de Dios Padre y de Cristo Jesús, el Señor, sobre los hermanos. 24 Y que la gracia esté con todos aquellos que aman a Cristo Jesús, nuestro Señor, con amor auténtico.



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