DIA 137-- 1 Samuel 24--25 Salmo 128 Marcos 10,1-31


1 Samuel 24
David respeta la vida de Saúl
1 Entonces David subió a los refugios de Engadi y se instaló allí. 2 Cuando regresó Saúl de su expedición contra los filisteos, le dijeron: «David está en el desierto de Engadi». 3 Saúl eligió entonces de entre todo el pueblo de Israel a tres mil hombres y salió con ellos en busca de David al este del Cerro de las Gamuzas. 4 Llegó a unos corrales para ovejas que están a la orilla del camino; había allí una caverna donde entró Saúl para hacer sus necesidades. Ahora bien, David y sus hombres estaban sentados en el fondo de la caverna.
5 Los compañeros de David le dijeron: «Ahora Yavé te entrega en tus manos a tu enemigo. Puedes hacerle ahora todo lo que quieras». 7 Les dijo: «¡Oh no! ¡Por la vida de Yavé que no pondré mi mano sobre él. ¡No puedo hacerle a mi señor tal cosa porque es el ungido de Yavé! 8 Y mediante esas palabras David impidió que sus hombres se lanzaran contra Saúl. David se paró y fue a cortar suavemente un trozo del manto de Saúl, 6 pero después de eso le saltaba el corazón por haber cortado un trozo del manto de Saúl.
6 Saúl se levantó, salió de la caverna y siguió su camino. 9 David también se levantó, salió de la caverna y se puso a gritar detrás de Saúl: «¡Señor rey!» Saúl se dio vuelta y David se postró con la cara contra el suelo. 10 Entonces David dijo a Saúl: «¿Por qué les haces caso a los que te dicen que trato de matarte? 11 Míralo tú mismo, hoy Yavé te puso en mis manos en esa caverna, y me dijeron que te matara, pero tuve piedad de ti. Me dije: No pondré mi mano sobre mi señor, porque es el ungido de Yavé. 12 Mira, padre mío, mira el trozo de tu manto que tengo en la mano. Cuando corté ese pedazo del manto, podría haberte matado. Reconoce entonces que no hay en mí ni malicia ni maldad; yo no te he hecho daño, tú en cambio me buscas para matarme. 13 Que Yavé juzgue entre tú y yo. Que Yavé me vengue de ti, pero mi mano no se alzará contra ti. 14 Como bien dice el proverbio de los antiguos: La maldad sale de los malvados. Por eso mi mano no se levantará contra ti. 15 ¿Tras quién salió el rey de Is rael? ¿A quién persigue? ¿A un perro muerto, a una pulga? 16 Que Yavé juzgue entre tú y yo. Que él examine y asuma mi defensa, que me haga justicia y me libre de tu mano».
17 Cuando David hubo terminado de pronunciar esas palabras, Saúl dijo: «¿Es realmente tu voz, hijo mío David?» Y Saúl estalló en sollozos. 18 Dijo a David: «Eres más bueno que yo, porque tú me haces el bien y yo te había hecho el mal. 19 Hoy demostraste tu bondad para conmigo, porque Yavé me puso en tus manos pero tú no me mataste. 20 Cuando un hombre encuentra a su enemigo, ¿lo deja proseguir su camino? Yavé te recompensará el bien que me has hecho hoy. 21 Ya lo sé desde ahora: tú reinarás y tu realeza en Israel será inamovible. 22 Júrame pues por Yavé que no suprimirás mi descendencia después de mi muerte ni que harás desaparecer mi nombre de la familia de mi padre». 23 David entonces le juró a Saúl. Y Saúl se volvió a su casa mientras que David y sus compañeros subían a su refugio.



1 Samuel 25
David y Abigail

1 Por esos días murió Samuel. Se reunió todo Israel e hizo una lamentación por él; lo enterraron en su casa en Ramá. David bajó entonces al desierto de Maón.
2 Había en Maón un hombre cuya finca estaba en Carmel. Era un hombre muy importante, tenía tres mil ovejas y mil cabras; por ese entonces estaba en Carmel para la esquila de sus ovejas. 3 Ese hombre se llamaba Nabal y su mujer, Abigaíl. La mujer tenía mucho criterio y era hermosa, pero el hombre era duro y malo: pertenecía al clan de Caleb.
4 Mientras estaba en el desierto, supo David que Nabal estaba esquilando sus ovejas. 5 Mandó entonces David a diez de sus hombres con este encargo: «Suban a Carmel, entren en la casa de Nabal y salúdenlo de mi parte. 6 Le hablarán así: «¡Hermano, que tengas salud y haya paz en tu casa y paz en todo lo que te pertenece! 7 Sé que los esquiladores están ahora en tu casa. Debes saber que cuando tus pastores estaban con nosotros, no les creamos ningún problema, nada de lo que les pertenecía desapareció mientras estuvieron en Carmel. 8 Pregunta a tus sirvientes y te lo dirán. Ten pues hoy un gesto de amistad con mis muchachos ya que llegamos en un día de fiesta. Por favor, dales a tus servidores y a tu hijo David lo que te dicte tu corazón».
9 Los muchachos de David fueron donde Nabal a transmitirle el mensaje de David, y luego se pusieron a descansar. 10 Nabal dio esta respuesta a los hombres de David: «¿Quién es ese David? ¿Quién es el hijo de Jesé? ¡Hay ahora muchos esclavos escapados de la casa de su dueño!» 11 ¿¡Y voy a tomar mi pan, mi vino, la carne de los animales que he degollado para los esquiladores y dar todo eso a esa gente que viene de no se sabe dónde!?»
12 Los muchachos de David volvieron por el mismo camino y transmitieron a David todas esas palabras. 13 David les dijo: «Tome cada uno su espada». Cada cual tomó su espada y David tomó la suya. Los que subieron tras David eran cuatrocientos, y los que se quedaron custodiando el equipaje, doscientos.
14 Uno de sus mozos le comunicó a Abigaíl, la mujer de Nabal, lo que había pasado, diciéndole: «David envió desde el desierto unos mensajeros para que saludaran a nuestro patrón, pero éste los mandó de vuelta. 15 Sin embargo esos hombres siempre fueron correctos con nosotros, nunca nos trataron mal mientras estuvimos en el campo, ni tampoco perdimos nada mientras estuvimos con ellos. 16 Han sido para nosotros como una protección tanto de día como de noche, por todo el tiempo que hemos tenido nuestros rebaños en medio de ellos. 17 Ahora piensa y ve qué es lo que se debe hacer porque la suerte de nuestro patrón y de toda su casa ya está echada y él es tan malo que no se le puede hablar».
18 Abigaíl juntó rápidamente doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas ya preparadas, cinco bolsas de trigo tostado, cien racimos de uva seca y dos tortas de higo, y lo puso todo en unos burros. 19 En seguida dijo a sus mozos: «Vayan delante mío, que yo los seguiré». Pero nada le dijo a su marido Nabal.
20 Montada en su burro bajó por un lado del cerro mientras David y sus hombres bajaban por el otro. 21 David se decía: «Protegí todo lo que ese hombre tenía en el desierto y cuidé de que nada de lo que le pertenecía desapareciera, pero fue por nada, ya que ahora me devuelve mal por bien. 22 Maldiga Dios a David si de aquí a mañana dejo con vida a uno solo de sus hombres».
23 Al divisar a David, Abigaíl bajó del burro e inclinándose se puso con la cara hasta el suelo delante de David. 24 Agachada a sus pies le dijo: «Señor, perdona mi audacia, caiga sobre mí la culpa. Permite a tu sierva decir una palabra; escucha las palabras de tu sierva. 25 No tome en cuenta, señor, a ese bruto de Nabal, pues su nombre quiere decir El Loco, y se ha dejado llevar por su locura. Yo, tu sierva, no pude ver a los muchachos que mandó mi señor. 26 ¡Por la vida de Yavé y por tu propia vida, es Yavé que te ha impedido de derramar sangre y hacerte justicia por tu propia mano. Que tus enemigos y que todos los que buscan tu mal, señor, conozcan la suerte de Nabal. 27 Que los jóvenes que acompañan a mi señor tomen los regalos que su sierva le trae ahora.
28 Perdona, por favor, la falta de tu sierva. En verdad Yavé hará inconmovible la casa de mi señor porque tú eres el combatiente de las guerras de Yavé y nunca se te ha sorprendido en una falta durante toda tu vida. 29 Si un hombre quisiera perseguirte y quitarte la vida, el alma de mi señor estará segura al lado de Yavé. Yavé te protegerá, y en cambio lanzará lejos de sí, como una honda, el alma de tus enemigos. 30 De ese modo, cuando Yavé haya cumplido contigo todas las promesas que te hizo, cuando te haya establecido como jefe de Israel, 31 tú no podrás sentir remordimiento de haber derramado sangre sin motivo y de haberte hecho justicia por ti mismo. ¡Cuando Yavé colme a mi señor, acuérdese de su sierva!»
32 David respondió a Abigaíl: «¡Bendito sea Yavé, Dios de Israel, que te mandó hoy a encontrarme! 33 Bendita seas por tu prudencia, bendita porque me has impedido hoy que me manche con sangre y que haga justicia por mí mismo. 34 Porque, te lo juro por la vida de Yavé, el Dios de Israel, que me impidió hacer el mal, si tú no hubieras venido tan rápido a verme, aun antes de que se levantara el sol no le habría quedado a Nabal un solo hombre con vida». 35 David recibió en sus manos todo lo que ella le había traído, y luego le dijo: «Vuelve en paz a tu casa, ya te escuché y cuenta conmigo».
36 Cuando regresó Abigaíl, Nabal estaba sentado a la mesa en su casa para un banquete real. Nabal estaba muy alegre, completamente borracho, pero ella no le contó nada hasta la mañana siguiente. 37 Al día siguiente cuando se le hubo pasado la borrachera, su mujer le contó lo que le había pasado. Le dio un ataque y quedó como piedra. 38 Más o menos diez días después, Yavé hirió a Nabal, quien murió.
39 Cuando David supo que Nabal había muerto, dijo: «¡Bendito sea Yavé que hizo pagar a Nabal quien me había insultado y me ahorró a mí una mala acción! Yavé hizo que recayera sobre la cabeza de Nabal su propia maldad». David entonces mandó a decir a Abigaíl que la tomaría por mujer. 40 Los servidores de David llegaron pues a Carmel a la casa de Abigaíl, y le dijeron esto: «David nos ha mandado donde ti; quiere que seas su mujer». 41 Ella se levantó, se postró en tierra y dijo: «Tu sirvienta será para ti como una esclava, para lavar los pies de los sirvientes de mi señor».
42 Abigaíl se decidió inmediatamente y subió a su burro acompañada de cinco sirvientas jóvenes. Salió tras los enviados de David y pasó a ser su mujer. 43 David había tomado también por mujer a Aji noam de Jezrael, y ambas fueron sus esposas. 44 En cuanto a su otra esposa, Micol, hija de Saúl, había sido dada a Paltí, hijo de Lais, del pueblo de Galim.



Salmo 128
La bendición del hogar.

—Frente a los inquietos e impacientes, el creyente procura ver lo bueno de la vida y del mundo. Reconoce las bendiciones de Dios sobre su hogar y sobre la comunidad cristiana. La familia numerosa es una bendición de Dios para aquellos que la han escogido y asumido.
1 Felices los que temen al Señor
1 y siguen sus caminos.
2 Comerás del trabajo de tus manos,
2 esto será tu fortuna y tu dicha.
3 Tu esposa será como vid fecunda
3 en medio de tu casa,
3 tus hijos serán como olivos nuevos
3 alrededor de tu mesa.
4 Así será bendito
4 el hombre que teme al Señor.
5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión:
5 puedas ver la dicha de Jerusalén
5 durante todos los días de tu vida!
5 ¡Que veas a los hijos de tus hijos
5 y en Israel, la paz!



Marcos 10,1-31
Lo que Dios unió, no lo separe el hombre

1 Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre. 2 En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?» 3 Les respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?» 4 Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después divorciarse.»
5 Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes. 6 Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer; 7 por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, 8 y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. 9 Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.»
10 Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo, 11 y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa; 12 y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio.»
Dejen que los niños vengan a mí
13 Algunas personas le presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían.
14 Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. 15 En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
16 Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía.
Jesús y el hombre rico
17 Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»
18 Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19 Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» 20 El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven.»
21 Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.» 22 Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.
Más fácilmente pasará un camello...
23 Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!» 24 Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! 25 Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»
26 Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» 27 Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.»
La recompensa para los que siguen a Jesús
:B:28 Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.» 29 Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. 30 Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. 31 Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»

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