DIA 142-- 2 Samuel 5--6 Salmo 133--134 Marcos 12,28-44



2 Samuel 5
David, rey de Israel, se apodera de Jerusalén

1 Todas las tribus de Israel se congregaron en torno a David en Hebrón y le dijeron: «Somos de tus mismos huesos y de tu misma carne. 2 Ya antes, cuando Saúl era todavía nuestro rey, tú eras el que conducía a Israel. Yavé bien te dijo: Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel». 3 Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey y el rey David firmó con ellos una alianza en Hebrón en presencia de Yavé. Después de lo cual consagraron a David como rey de Israel.
4 David tenía treinta años cuando empezó a reinar y reinó cuarenta años. 5 Había reinado ya siete años y seis meses desde Hebrón en Judá, y reinó en todo Israel y Judá treinta y tres años desde Jerusalén.
6 El rey y sus hombres avanzaron sobre Jerusalén para atacar a los jebuseos que vivían por entonces en la región. Estos dijeron a David: «Tú no entrarás aquí, aunque los ciegos y los cojos fueran los defensores». 7 Pero David se apoderó de la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. 8 Pues ese día había dicho David: «El que quiera derrotar a los jebuseos, que suba por el canal. David maldice a esos cojos y a esos ciegos». De ahí que se diga ahora: «Los ciegos y los cojos no entrarán en la Casa de Dios».
9 David se instaló en la fortaleza y la llamó la ciudad de David, luego construyó en su derredor, desde el Milo hacia el interior. 10 David seguía fortaleciéndose sin cesar, y Yavé Sabaot estaba con él.
11 El rey de Tiro, Hiram, despachó una misión donde David con madera de cedro, carpinteros y canteros, que construyeron una casa para David. 12 Entonces David comprendió que Yavé lo había confirmado como rey de Israel y que haría glorioso su reinado por su pueblo de Israel.
13 Después que llegó David de Hebrón, se escogió en Jerusalén a otras mujeres y concubinas; tuvo de ellas hijos e hijas. 14 Estos son los nombres de los hijos que tuvo en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15 Yibjar, Elisúa, Nefeg, Yafia, 16 Elisama, Baal-Jada y Elifelet.
17 Cuando supieron los filisteos que David había sido consagrado como rey de todo Israel, subieron todos para apoderarse de él; le avisaron a David y éste bajó al refugio. 18 Llegaron los filisteos y se desplegaron en el valle de los Refaím, 19 y David consultó a Yavé: «¿Debo atacar a los filisteos? ¿Los pondrás en mis manos?» Yavé respondió a David: «Atácalos, pues pondré a los filisteos en tus manos». 20 David se dirigió a Baal-Perasim, y allí los derrotó. «Yavé, dijo, fue como un torrente, me abrió una brecha en las filas enemigas». Por eso llamaron a ese lugar Baal-Perasim (el Señor de la Brecha). 21 Los filisteos dejaron allí sus ídolos, los que fueron tomados por David y sus hombres.
22 De nuevo subieron los filisteos y se desplegaron en el valle de los Refaím. 23 David consultó a Yavé quien le respondió: «No los ataques de frente, tómalos por la retaguardia, pasa por el lado del bosque. 24 Cuando oigas un ruido de pasos por encima de los árboles, apresúrate porque es Yavé que va delante de ti para aplastar al ejército de los filisteos». 25 David hizo lo que Yavé le había ordenado, y atacó a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada de Guezer.



2 Samuel 6
David trae a Jerusalén el Arca de la Alianza

1 David reunió entonces a todo lo mejor de Israel, unos treinta mil hombres, 2 y se dirigió a Baala de Judá, acompañado de todo su pueblo. Quería traer el Arca de Dios sobre la cual ha sido pronunciado el Nombre de Yavé Sabaot, quien se sienta en ella sobre los Querubines.
3 Sacaron el Arca de Dios de la casa de Abinadab, en la cumbre de la colina, y la pusieron en una carreta nueva. Uza y Ajío, los hijos de Abinadab, conducían la carreta; 4 Uza iba al lado del Arca de Dios y Ajío iba delante de ella. 5 David y todos los israelitas bailaban delante de Yavé con todas sus fuerzas; cantaban al son de guitarras, arpas, tamboriles, címbalos y toda clase de instrumentos. 6 Cuando se acercaban a la era de Nacón, los bueyes dieron un paso en falso. Uza quiso sujetar el Arca de Dios y le puso la mano. 7 Entonces Yavé se irritó contra Uza y lo hirió allí mismo; murió al lado del Arca de Dios. 8 David quedó molesto porque Yavé había herido de muerte a Uza; luego de ese incidente este lugar se llamó Perez-Uza.
9 Ese día sintió David un verdadero temor por Yavé y se dijo: «¿Y el Arca de Yavé va a entrar en mi casa?» 10 David no quiso pues guardar el Arca de Yavé en su casa, en la ciudad de David, y ordenó que la llevaran donde Obed-Edom de Gat. 11 El Arca de Yavé permaneció tres meses en casa de Obed-Edom de Gat, y Yavé bendijo a Obed-Edom y a toda su familia.
12 Le comunicaron a David que Yavé había bendecido a la familia de Obed-Edom y todo lo que le pertenecía debido al Arca de Dios. David entonces fue para allá y con gran alegría hizo transportar el Arca de Dios desde la casa de Obed-Edom hasta la ciudad de David.
13 Cuando los hombres que llevaban el Arca de Yavé dieron los seis primeros pasos, se ofreció como sacrificio un buey y un ternero gordo.
14 David bailaba y hacía piruetas con todas sus fuerzas delante de Yavé, vestido sólo con un efod de lino. 15 David y todos los israelitas fueron llevando el Arca de Yavé al son de la fanfarria y del cuerno. 16 Cuando el Arca entró en la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, estaba mirando desde su ventana. Vio al rey que saltaba y se contorneaba delante de Yavé, y lo despreció en su corazón.
17 Trajeron pues el Arca de Yavé y la colocaron en su sitio en medio de la tienda que David había levantado para ella, y David ofreció a Yavé holocaustos y sacrificios de comunión. 18 Cuando David hubo terminado de ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre de Yavé Sabaot; 19 después distribuyó a todos, tanto hombres como mujeres, a cada uno, un pastel, una porción de carne, un dulce de pasas, y todo el mundo regresó a su casa.
20 David también regresó a su casa para bendecirla. Entonces Mical, la hija de Saúl, salió al encuentro de David y le dijo: «¡Realmente el rey de Israel se ha cubierto de gloria hoy día! Te has quitado la ropa ante los ojos de las mujeres de tus servidores como lo haría un hombre cualquiera». 21 Pero David respondió a Mical: «Bailaba en presencia de Yavé. Por Yavé que vive, por él que me eligió prefiriéndome a tu padre y a toda tu familia para hacerme el jefe de su pueblo Israel, yo seguiré bailando en presencia de Yavé. 22 Me rebajaré más aún y seré nada a tus ojos, pero en cambio seré grande a los ojos de esas mujeres de las que hablabas».
23 Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos.


Salmo 133
¡Qué maravilloso es el amor fraterno!

—Nuestra unidad en el servicio de Dios y las amistades cristianas perdurables y profundas son un don del Espíritu Santo infundido en nuestros corazones. «Amense y estén unidos para que el mundo crea».
1 ¡Qué bueno y qué tierno es
1 ver a esos hermanos vivir juntos!
2 Es como un aceite refinado
2 que desde su cabeza
2 desciende hasta la barba,
2 la barba de Aarón,
2 hasta el cuello de su túnica.
3 Es como un rocío del Hermón,
3 que baja sobre las montañas de Sión.
3 Allí el Señor otorgó su bendición,
3 la vida para siempre.



Salmo 134
1 ¡Ea, vamos! Bendigan al Señor
1 todos los servidores del Señor,
1 los que sirven en la casa del Señor,
1 en los atrios de la casa de nuestro Dios.
2 Alcen sus manos al Santuario
2 por las noches, y bendigan al Señor.
3 Que el Señor desde Sión te bendiga,
3 el que ha hecho los cielos y la tierra.


Marcos 12,28-44
El mandamiento más importante

28 Entonces se adelantó un maes tro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
29 Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor. 30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. 31 Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»
32 El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, 33 y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»
34 Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.
¿De quién es hijo el Cristo?
35 Mientras Jesús enseñaba en el Templo, preguntó: «¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el Mesías será el hijo de David? 36 Porque el mismo David dijo, hablando por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. 37 Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser hijo suyo?»
37 Mucha gente acudía a Jesús y lo escuchaba con agrado.
38 En su enseñanza Jesús les decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley 39 a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; 40 incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»
La ofrenda de la viuda
41 Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos y daban mucho, 42 pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.
43 Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. 44 Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»

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