DIA 131-- 1 Samuel 14 Salmo 122 Marcos 7,1-23


1 Samuel 14
1 Jonatán, el hijo de Saúl, dijo al joven que llevaba sus armas. «Vamos y pasemos al puesto de los filisteos que está al otro lado». Pero nada le dijo a su padre. 2 Saúl mientras tanto se había instalado en la frontera de Guibea, bajo el granado que está al lado de la era, y con él había alrededor de seiscientos hombres. 3 Ajiya, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Finjas, llevaba el efod. Nadie de la tropa se dio cuenta de que Jonatán había partido.
4 En el desfiladero que trataba de atravesar Jonatán para llegar al puesto filisteo, hay dos rocas sobresalientes a uno y otro lado; una se llama Bosés y la otra Senné. 5 La primera roca se sitúa al norte, frente a Micmás, la segunda al sur frente a Gueba. 6 Jonatán dijo al joven que llevaba sus armas: «Vamos y atravesemos hasta el puesto de esos incircuncisos. A lo mejor Yavé hace algo por nosotros, porque nada detiene a Yavé. Ya sea con muchos o con pocos, él puede siempre salvar». 7 El joven le respondió: «Haz lo que mejor te parezca, estoy contigo y haré lo que tú me digas». 8 Jonatán le dijo: «Escucha, iremos donde esos hombres y dejaremos que nos vean. 9 Si nos dicen: ¡Deténganse, esperen que vayamos! nos quedaremos donde estemos y no subiremos donde ellos. 10 Pero si nos dicen: ¡Suban donde nosotros!, subamos. Esa será la señal de que Yavé los ha puesto en nuestras manos.
11 Se dejaron ver pues ambos por el destacamento de los filisteos. Estos pensaron: «Miren a los hebreos que salen de los hoyos donde se habían escondido». 12 Los hombres del puesto se dirigieron a Jonatán y al joven que transportaba sus armas, diciéndoles: «Suban hacia nosotros, tenemos algo que enseñarles». Jonatán dijo a su compañero: «Sube detrás de mí, porque Yavé los ha entregado a las manos de Israel».
13 Jonatán subió escalando con manos y pies, y su compañero lo seguía. Los filisteos cayeron ante Jonatán y su compañero los remataba detrás de él. 14 Jonatán y su compañero hicieron allí una primera masacre: veinte hombres cayeron en un espacio que no medía más de un medio surco. 15 Cundió el terror por el campamento, por el campo y por todo el pueblo. Se apoderó también el miedo del puesto y de toda la tropa de soldados, la tierra tembló, era como un terror que venía de Dios.
16 Los centinelas de Saúl que estaban en Guibea de Benjamín vieron que el campamento de los filisteos se dispersaba por todos los lados. 17 Entonces Saúl dijo a los que estaban con él: «Pasen revista al pueblo y vean quién salió de entre nosotros». Pasaron revista al pueblo y sólo faltaban Jonatán y el joven que llevaba sus armas. 18 Saúl dijo a Ajiya: «Trae el efod». Pues él era quien llevaba el efod ante todo Israel. 19 Pero mientras Saúl conversaba con el sacerdote, fue creciendo la confusión en el campamento de los filisteos.
19 Por último Saúl le dijo al sacerdote: «Saca tu mano». 20 Luego Saúl y toda su tropa se reunieron y llegaron al sitio del combate. Allí se había producido un pánico enorme: se atacaban con sus espadas unos a otros. 21 Los hebreos que se habían enrolado con los filisteos y que habían subido con ellos al campamento, desertaron para juntarse con los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán. 22 Todos los israelitas que se habían escondido en la montaña de Efraín, se lanzaron también en persecución de los filisteos que huían delante de ellos. 23 Ese día Yavé dio la victoria a Israel.
23 La batalla se extendió más allá de Bet-Avén. 24 En el momento en que los israelitas estaban cercados por todas partes, Saúl había declarado solemnemente delante de todo el pueblo: «¡Maldito sea el que coma algo antes del anochecer, antes de que me haya vengado de mis enemigos!» Y todo el pueblo se quedó en ayunas.
25 Había miel en ese lugar. 26 El pueblo entró en el bosque y vio la miel que goteaba. Pero nadie llevó su mano a la boca porque el pueblo tenía presente la maldición que había pronunciado el rey. 27 Jonatán, empero, no había oído el juramento de su padre, acercó la punta de su bastón, lo hundió en el panal de miel y lo llevó a su boca: sus ojos se iluminaron. 28 Alguien de los soldados le dijo: «Tu padre declaró solemnemente delante de todo el pueblo: Maldito sea el que coma algo hoy». 29 Jonatán respondió: «Mi padre le ha hecho un gran daño al pueblo; fíjense cómo se iluminaron mis ojos en cuanto probé un poco de miel. 30 Si todo el pueblo hubiera hoy tomado algo para comer del botín de sus enemigos, la derrota de los filisteos habría sido con toda seguridad más grande».
31 Ese día aplastaron a los filisteos desde Micmás hasta Ayalón, pero el pueblo estaba completamente agotado. 32 El pueblo se abalanzó entonces sobre el botín, tomó cabras u ovejas, bueyes, terneros, los mataron allí mismo y comieron encima de la sangre. 33 Le avisaron a Saúl: «El pueblo está pecando contra Yavé: la gente come carne al lado de la sangre». Saúl exclamó: «¡Todos ustedes son unos infieles! Hagan rodar hasta aquí una piedra grande». 34 Luego añadió Saúl: «Dispérsense entre medio del pueblo y díganles que cada cual traiga aquí su buey o su carnero. Los inmolarán y los comerán, pero no pequen contra Yavé comiendo encima de la sangre». Cada cual llevó lo que tenía en su mano esa tarde e hicieron la inmolación en ese lugar. 35 Saúl levantó allí un altar para Yavé; fue el primer altar que le levantó.
36 Saúl les dijo luego: «Bajemos para perseguir a los filisteos durante la noche; ataquémoslos hasta que brille el alba y no dejemos a nadie de ellos con vida». Le respondieron: «¡Haz lo que piensas!» El sacerdote dijo entonces: «Tenemos que consultar a Dios». 37 Saúl consultó a Dios: «¿Tengo que bajar para perseguir a los filisteos? ¿Los pondrás en manos de Is rael?» Pero ese día Dios no le respondió.
38 Entonces dijo Saúl: «Acérquense ustedes, jefes del pueblo, y verifiquen en qué consistió el pecado. 39 Lo juro por la vida de Yavé que acaba de salvar a Is rael: aunque sea mi hijo Jonatán el que haya pecado, morirá». Pero nadie de todo el pueblo le respondió. 40 Luego dijo a todo Israel: «Ustedes se pondrán a un lado, yo y mi hijo Jonatán nos pondremos al otro». El pueblo dijo a Saúl: «¡Haz como piensas!» 41 Saúl preguntó a Yavé: «Dios de Israel, ¿por qué no respondiste hoy a tu servidor? Si ese pecado está en mí o en mi hijo Jonatán, da los Urim. Pero si ese pecado se halla en el lado de tu pueblo Israel, da los Tumim». Resultaron designados Jonatán y Saúl, mientras que el pueblo salió libre de culpa. 42 Saúl dijo: «Hagan el sorteo entre mí y mi hijo Jonatán». Y salió sorteado Jonatán.
43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: «Dime lo que hiciste». Jonatán le respondió: «Simplemente probé un poco de miel con la punta del bastón que tenía en la mano, pero estoy dispuesto a morir». 44 Saúl respondió: «¡Maldígame Dios, y remaldígame si tú no mueres, Jonatán!» 45 Pero el pueblo dijo a Saúl: «¿Cómo es posible que muera Jonatán, que le ha dado a Israel una victoria tan grande? ¡Ni siquiera pensarlo! Por la vida de Yavé, no caerá en tierra ni un solo cabello de su cabeza porque él actuó hoy con Dios». Y así fue como el pueblo salvó la cabeza de Jonatán. 46 Saúl dejó de perseguir a los filis teos; subió de vuelta mientras que los filisteos se volvían a sus casas.
47 Saúl había afirmado su realeza en Israel; combatió con todos sus enemigos: Moab, los hijos de Amón, Edom, los reyes de Soba y los filisteos. Doquiera se volviera, resultaba vencedor. 48 Aplastó a Amalec a lo largo de una gran expedición, y libró a Israel de los ataques de los asaltantes.
49 Los hijos de Saúl eran Jonatán, Isyo y Malqui-Suá. Tuvo dos hijas, la mayor se llamaba Merob y la segunda Mical. 50 La mujer de Saúl era Ajinoam, hija de Ajimaas. El jefe de su ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. 51 Quis, el padre de Saúl y Ner, el padre de Abner, eran hijos de Abniel. 52 Durante toda la vida de Saúl hubo una guerra encarnizada contra los filisteos. Cada vez que Saúl veía a un hombre robusto y valiente, lo enrolaba en su servicio.



Salmo 122
Iremos a la casa del Señor.

—Himno de entusiasmo y alegría del peregrino al llegar al Templo de Jerusalén. Admiración del edificio. Orgullo al ver acudir las muchedumbres. Y algo todavía más profundo: una experiencia de convivencia con otros creyentes.
1 Me puse alegre cuando me dijeron:
1 «¡Vamos a la casa del Señor!»
2 Ahora nuestros pasos se detienen
2 delante de tus puertas, Jerusalén.
3 Jerusalén, edificada cual ciudad
3 en que todo se funde en la unidad.
4 Allá suben las tribus,
4 las tribus del Señor, la asamblea de Israel,
4 para alabar el Nombre del Señor.
5 Pues allí están las cortes de justicia,
5 los ministerios de la casa de David.
6 Para Jerusalén pidan la paz:
6 «¡Que vivan tranquilos los que te aman!
7 ¡Que la paz guarde tus muros
7 y haya seguridad en tus palacios!»
8 Por mis hermanos y por mis amigos
8 quiero decir: «¡La paz esté contigo!»
9 Por la casa del Señor nuestro Dios,
9 pido para ti la felicidad.


Marcos 7,1-23
La verdadera pureza

1 Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. 2 Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. 3 Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. 4 Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas.
5 Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?»
6 Jesús les contestó: «¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. 8 Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres.»
9 Y Jesús añadió: «Ustedes dejan tranquilamente a un lado el mandato de Dios para imponer su propia tradición. 10 Así, por ejemplo, Moisés dijo: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre, y también: El que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte. 11 En cambio, según ustedes, alguien puede decir a su padre o a su madre: «Lo que podías esperar de mí es “consagrado”, ya lo tengo reservado para el Templo.» 12 Y ustedes ya no dejan que esa persona ayude a sus padres. 13 De este modo anulan la Palabra de Dios con una tradición que se transmiten, pero que es de ustedes. Y ustedes hacen además otras muchas cosas parecidas a éstas.»
:B:14 Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. 15 Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. 16 El que tenga oídos, que escuche.»
17 Cuando Jesús se apartó de la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre lo que había dicho. 18 El les respondió: «¿También ustedes están cerrados? ¿No comprenden que nada de lo que entra de fuera en una persona puede hacerla impura? 19 Pues no entra en el corazón, sino que va al estómago primero y después al basural.»
20 Así Jesús declaraba que todos los alimentos son puros.
20 Y luego continuó: «Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. 21 Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, 22 infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. 23 Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.»

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