DIA 81-Números 26--27 Salmo 82 Hechos 16,16-40



Números 26
Se hace otro censo de Israel
1 Yavé dijo a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón: 2 «Registren a toda la comunidad de los hijos de Israel por casas paternas, y hagan el recuento de todos los de más de veinte años, útiles para la guerra.» 3 Moisés y el sacerdote Eleazar les hablaron en las estepas de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó, 4 y les dieron esta precisión: «A los que tenían más de veinte años.»
4 Los hijos de Israel salidos de Egipto eran:
5 Rubén, primogénito de Israel. Hijos de Rubén: Henoc y el clan henoquita; Palú y el clan paluita; 6 Jersón y el clan jersonita; Karmí y el clan karmita. 7 Esos eran los clanes rubenitas. Según el censo, eran cuarenta y tres mil setecientos treinta. 8 Hijos de Palú: Eliab. Hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abirón. 9 Estos Datán y Abirón fueron convocados por la comunidad y se rebelaron contra Moisés y Aarón con los partidarios de Coré, cuando éste se rebeló contra Yavé. 10 La tierra abrió su boca y los tragó a ellos (y a Coré, cuando pereció su grupo) cuando el fuego devoró a doscientos cincuenta hombres: sirvió de escarmiento. 11 Pero los hijos de Coré no murieron.
12 Hijos de Simeón; por clanes: Nemuel y el clan nemuelita; Yamín y el clan yaminita; Yakín y el clan yakinita; 13 Socar y el clan socarita; Saúl y el clan saulita. 14 Estos eran los clanes simeonitas. Según el censo, eran veintidós mil doscientos.
15 Hijos de Gad; por clanes: Sefón y el clan sefonita; Jagguí y el clan jaguita; Suní y el clan sunita; 16 Ozní y el clan oznita; Erí y el clan erita; Arod y el clan arodita; 17 Arelí y el clan arelita. 18 Esos eran los clanes de los hijos de Gad. Según el censo eran cuarenta mil quinientos.
19 Hijos de Judá: Er y Onán, que murieron en la tierra de Canaán. 20 Después, los hijos de Judá, por clanes, fueron: Selá y el clan selanita; Peres y el clan peresita; Zeraj y el clan zerajita. 21 Hijos de Peres fueron: Jesrón y el clan jesronita; Jamul y el clan jamulita. 22 Estos eran los clanes de Judá. Según el censo eran setenta y seis mil quinientos.
23 Hijos de Isacar, por clanes: Tolá y el clan tolaíta; Puvá y el clan puvita; 24 Yasub y el clan yasubita; Simrón y el clan simronita. 25 Esos eran los clanes de Isacar. Según el censo eran sesenta y cuatro mil tres cientos.
26 Hijos de Zabulón, por clanes: Sared y el clan saredita; Elón y el clan elonita; Yajleel y el clan yajleelita. 27 Esos eran los clanes de Zabulón. Según el censo, eran sesenta mil quinientos.
28 Hijos de José, por clanes: Manasés y Efraím.
29 Hijos de Manasés: Makir y el clan makirita. Makir engendró a Galaad. De Galaad, el clan galaadita. 30 Los hijos de Galaad eran: Yezer y el clan yezerita: Yéleq y el clan yelequita; 31 Asriel y el clan asrielita; Sekem y el clan sekemita; 32 Semidá y el clan semidaíta; Jéfer y el clan jeferita; Selofjad, hijo de Jéfer. Selofjad no tuvo hijos, solamente hijas. 33 Se llamaban las hijas de Selofjad: Mojlá, Noaá, Joglá, Milcá y Tirsá. 34 Esos eran los clanes de Manasés, según el censo, eran cincuenta y dos mil setecientos.
35 Estos eran los hijos de Efraím, por clanes: Sutelaj y el clan sutelajita; Beker y el clan bekerita; Taján y el clan tajanita. 36 Estos son los hijos de Sutelaj: Erán y el clan eranita. 37 Esos eran los clanes de los hijos de Efraím. Según el censo eran treinta y dos mil quinientos.
37 Esos eran los hijos de José por clanes.
38 Hijos de Benjamín, por clanes: Belá y el clan belaíta; Asbel y el clan asbelita; Ajiram y el clan ajiramita; 39 Sefufam y el clan sefufamita; Jufan y el clan jufanita. 40 Los hijos de Belá fueron Ard y Naamán: de Ard, el clan ardita; de Naamán, el clan naamanita. 41 Esos eran los hijos de Benjamín, por clanes. Según el censo eran cuarenta y cinco mil seiscientos.
42 Estos eran los hijos de Dan, por clanes: Sujam y el clan sujamita. Estos eran los clanes de Dan, por clanes. 43 Todos los clanes sujamitas. Según el censo, eran sesenta y cuatro mil cuatrocientos.
44 Hijos de Aser, por clanes: Yimná y el clan yimnita; Yisví y el clan yisvita; Bería y el clan berita. 45 De los hijos de Bería: Jéber y el clan jeberita; Malkiel y el clan malkielita. La hija de Aser se llamaba Sáraja. 46 Esos eran los clanes de los hijos de Aser. 47 Según el censo eran cincuenta y tres mil cuatrocientos.
48 Hijos de Neftalí, por clanes: Yajseel y el clan yajseelita; Guní y el clan gunita; Yéser y el clan yeserita; 49 Sil-Lem y el clan silemita. 50 Esos eran los clanes de Neftalí. Según el censo eran cuarenta y cinco mil quinientos.
51 Así que pasaron revista a seiscientos un mil setecientos treinta israelitas.
52 Yavé dijo a Moisés: 53 «Tú les repartirás la tierra en herencia, conforme al número de alistados; 54 darás mayor herencia a los que son más numerosos, y menor a los que son menos. 55 Pero el reparto se hará a la suerte; según los nombres de cada tribu paterna recibirán la herencia. 56 La suerte decidirá la repartición, haciendo distinción entre los grandes y los pequeños.»
57 Estos son los levitas, alistados según sus clanes: Guersón y el clan guersonita; Quehat y el clan quehatita; Merarí y el clan merarita.
58 Estos son los clanes de Leví: Lobní, Hebroní, Mahalí, Musí, Coré. Quehat fue padre de Amram, 59 el cual tuvo por esposa a Yocabed, descendiente de Leví, que nació en Egipto. Amram tuvo de ella a Aarón, Moisés y María, su hermana. 60 Aarón fue padre de Nadab y Abihú, Eleazar e Itamar, 61 pero Nadab y Abihú murieron al ofrecer fuego profano delante de Yavé.
62 Se contaron en total en la tribu de Leví veintitrés mil varones de un mes para arriba. No fueron alistados con los demás hijos de Israel, pues no debían compartir con ellos la herencia. 63 Estos fueron alistados por Moisés y el sacerdote Eleazar, cuando alistaron a los hijos de Israel en las estepas de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó.
64 Entre ellos no había nadie de los que habían sido alistados por Moisés y por el sacerdote Aarón, cuando hicieron el censo de los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. 65 Es que Yavé había dicho que morirían en el desierto y no quedó ninguno de ellos, excepto Caleb, hijo de Jefoné, y Josué, hijo de Nun.



Números 27
1 Entonces se acercaron las hijas de Selofjad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, que fue hijo de José. Sus nombres eran: Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá. 2 Se presentaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, a los jefes y a toda la comunidad a la entrada de la Tienda de las Citas, y dijeron: 3 «Nuestro padre murió en el desierto. No tuvo parte en la amotinación contra Yavé, con los partidarios de Coré, sino que murió como todos por su pecado, y no dejó hijos varones. 4 ¿Será posible que su nombre sea borrado de entre los de su familia? Puesto que no tuvo hijos, dennos a nosotros una herencia entre los hermanos de nuestro padre.»
5 Moisés fue a consultar a Yavé por este caso, 6 y Yavé dijo a Moisés: «La petición de las hijas de Selofjad es justa; 7 dales, pues, la herencia de su padre, y que tengan una herencia entre los hermanos de su padre. 8 Y dirás a los hijos de Israel: Si un hombre muere sin tener hijos, su herencia se traspasará a su hija. 9 Si tampoco tiene hijas, darán su herencia a sus hermanos. 10 Si tampoco los hay, darán la herencia al hermano de su padre. 11 Y si su padre no tenía hermanos, darán la herencia al pariente más próximo de su familia, el cual tomará posesión de ella. Esta será norma de derecho para los hijos de Israel, pues así lo mandó Yavé a Moisés.»
Josué, sucesor de Moisés
12 Yavé dijo a Moisés: «Sube a esa montaña de los montes de Abarim, y contempla desde allí la tierra que yo daré a los hijos de Israel. 13 Cuando la hayas visto, irás a reunirte tú también a tu pueblo, como tu hermano Aarón. 14 Recuerda que ustedes se rebelaron contra mis órdenes en el desierto de Zin, cuando la comunidad murmuró por el asunto del agua, y a ustedes les mandé que manifestaran mi santidad delante de ellos.» (Estas son las aguas de Meribá en Cadés en el desierto de Zin.)
15 Moisés, pues, dijo a Yavé: 16 «Que Yavé, Dios de los espíritus de todos los mortales, designe un hombre para estar al frente de esta comunidad, 17 para que salga y entre al frente de ellos. El los hará salir y entrar, y con esto el pueblo de Yavé no se parecerá a un rebaño sin pastor.»
18 Yavé respondió a Moisés: «Llama a Josué, hijo de Nun, hombre en que está el Espíritu, y pon tu mano sobre él. 19 Lo presentarás al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad, y allí le darás instrucciones en presencia de ellos. 20 Le transmitirás una parte de tu autoridad con el fin de que toda la comunidad de los hijos de Israel le obedezca.
21 En adelante se presentará ante el sacerdote Eleazar y éste consultará a Yavé por medio del Urim para darle una respuesta. A sus órdenes saldrán y a sus órdenes entrarán todos los hijos de Israel, toda la comunidad.»
22 Moisés hizo como le había mandado Yavé; tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y delante de todo el pueblo. 23 Le impuso su mano y lo estableció como Yavé había dicho por intermedio de Moisés.



Salmo 82
Dios juzga a los jueces.
—Dios convoca a los gobernantes del mundo, llamados «dioses» del mundo, es decir a los que, teniendo autoridad sobre las naciones, comparten la tarea del Juez Supremo y deben hacerlo en nombre de Dios. Dios recuerda los derechos sagrados del pueblo. Los gobernantes también son mortales y rendirán cuentas.
1 Se ha puesto Dios de pie en la asamblea divina
1 para dictar sentencia en medio de los dioses:
2 «¿Hasta cuándo juzgarán inicuamente
2 y tendrán miramientos con los malos?
3 Denle el favor al débil y al huérfano,
3 hagan justicia al que sufre y al pobre;
4 si los ven tan débiles e indigentes,
4 sálvenlos de la mano de los impíos».
5 Esta gente no sabe ni comprende,
5 no dan más que vueltas en sus tinieblas,
5 y las bases de la tierra se conmueven.
6 Había dicho: «Ustedes serán dioses,
6 serán todos hijos del Altísimo».
7 Pero ahora como hombres morirán
7 y como seres de carne caerán».
8 Oh Dios, ponte de pie, juzga la tierra,
8 pues tú dominas todas las naciones.



Hechos 16,16-40
Pablo y Silas en prisión
16 Mientras íbamos un día al lugar de oración, salió a nuestro encuentro una muchacha esclava que estaba poseída por un espíritu adivino. Adivinando la suerte producía mucha plata a sus amos.
17 Empezó a seguirnos a nosotros y a Pablo gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y les anuncian el camino de la salvación.» 18 Esto se repitió durante varios días, hasta que Pablo se cansó, Se volvió y dijo al espíritu: «En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella» Y en ese mismo instante el espíritu la dejó.
19 Al ver sus amos que con ello se esfumaban también sus ganancias, tomaron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza ante el tribunal. 20 Y los presentaron a los magistrados diciendo: «Estos hombres son judíos y están alborotando nuestra ciudad; 21 predican unas costumbres que a nosotros, los romanos, no nos está permitido aceptar ni practicar.»
22 La gente se les echó encima. Los oficiales mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. 23 Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos con todo cuidado. 24 Este, al recibir dicha orden, los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.
Liberación milagrosa
25 Hacia media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. 26 De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.
27 Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, 28 pero Pablo le gritó: «No te hagas daño, que estamos todos aquí.»
29 El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. 30 Después los sacó fuera y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?» 31 Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.»
32 Le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. 33 El carcelero, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con toda su familia a aquella hora de la noche. 34 Los había llevado a su casa; allí preparó la mesa e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.
35 Por la mañana los magistrados enviaron a unos oficiales con esta orden: «Deja en libertad a esos hombres.» 36 El carcelero se lo comunicó a Pablo y Silas, diciendo: «Los magistrados han dado orden de dejarlos en libertad. Salgan, pues, y marchen en paz.»
37 Pero Pablo le contestó: «A nosotros, ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente y nos han metido en la cárcel sin juzgarnos, ¿y ahora quieren echarnos fuera a escondidas? Eso no. Que vengan ellos a sacarnos.»
38 Los oficiales transmitieron esto a los magistrados, que se llenaron de miedo al escuchar que eran ciudadanos romanos. 39 Fueron a la prisión acompañados por un grupo de amigos de Pablo y les pidieron que se marcharan, diciéndoles: «¡Cómo íbamos a pensar que ustedes fueran muy buena gente!» Y cuando Pablo y Silas estaban para irse, les rogaron: «Ahora que se van libres, por favor, no nos creen problemas por haberles hablado duramente».
40 Apenas dejaron la cárcel fueron a casa de Lidia. Allí se encontraron con los hermanos, a los que dieron ánimo antes de marcharse.