DIA 28 Génesis 42--43 Salmo 27 Mateo 15,1-20


Génesis 42
Los hijos de Jacob bajan a Egipto

1 Al saber Jacob que había trigo en Egipto, dijo a sus hijos: «¿Por qué se están ahí mirando el uno al otro? 2 He oído que se vende trigo en Egipto. Vayan también ustedes allá y compren trigo para nosotros, “pues es cosa de vida o de muerte”.» 3 Los hermanos de José —diez de ellos—, bajaron entonces a Egipto para comprar trigo; 4 Jacob no dejó ir con ellos a Benjamín, hermano de José, pues pensaba: «No sea que le vaya a pasar algo.»
5 Se fueron los hijos de Israel a comprar trigo junto con la otra gente, pues arreciaba el hambre en Canaán. 6 Siendo José el gobernador del país, vendía el trigo a toda la gente. Al llegar sus hermanos, se postraron ante él hasta tocar el suelo con la cara. 7 José reconoció a sus hermanos, pero no se lo dio a entender, sino que más bien los trató duramente. Les preguntó: «¿De dónde vienen ustedes?» Respondieron ellos: «Venimos de la tierra de Canaán a comprar grano para comer.»
8 José, pues, había reconocido a sus hermanos, pero no ellos a él. 9 Y se acordó José de los sueños que había tenido con respecto a ellos. 10 Les dijo: «Ustedes son es pías y vienen a descubrir los secretos del país.» Respondieron ellos: «No, señor, tus siervos han venido a comprar alimentos. 11 Somos todos hijos de un mismo padre y somos honrados. Tus servidores no son espías.» 12 Pero él les dijo: «No, ustedes han venido a descubrir los puntos débiles del país.» 13 Ellos se defendieron diciéndole: «Eramos doce hermanos, hijos de un mismo padre, que vive en Canaán. El menor se quedó con nuestro padre, y el otro ya no vive.» 14 José insistió todavía: «¡Lo que he dicho: ustedes son espías! 15 Y ahora mismo los pondré a prueba. Por la vida de Faraón, que ustedes no dejarán este país hasta que no llegue aquí su hermano menor. 16 Manden a uno de ustedes a buscar a su hermano, y los demás quedarán presos. Así sabré si es cierto lo que me acaban de decir. Y si me han mentido, ¡por la vida de Faraón!, que quedará así comprobado que son espías.» 17 Y los metió a todos en la cárcel por tres días.
18 Al tercer día José les dijo: «Les doy un medio para que se salven, pues yo también tengo temor de Dios. 19 Si han dicho la verdad, que se quede sólo uno de ustedes como prisionero en la casa de la guardia donde ahora están, y los demás llevarán el trigo que tanta falta hace en sus casas. 20 Pero habrán de traerme a su hermano menor para que yo compruebe que es cierto lo que ustedes me han dicho; y así podrán salvar su vida.»
20 Así se hizo, 21 y ellos comentaban entre sí: «Verdaderamente estamos pagando lo que hicimos con nuestro hermano, pues a pesar de ver su aflicción y de oír sus súplicas, no le hicimos caso. Por eso ahora ha venido sobre nosotros esta desgracia.» 22 Rubén dijo a los demás: «¿No les decía yo que no le hicieran mal al muchacho? Pero ustedes no me escucharon y ahora estamos pagando por su muerte.» 23 Ellos no sabían que José les entendía, pues entre él y ellos había un intérprete. 24 Al oír esto, José se retiró y lloró. Después volvió, habló a sus hermanos, tomó a Simeón, lo hizo amarrar en su presencia.
25 José mandó llenar de trigo sus bolsas, devolverle a cada uno dentro de su bolsa su dinero, y también que se les dieran provisiones para el camino. Y así se hizo. 26 Cargaron, pues, el trigo sobre sus burros y se fueron. 27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de ellos abrió su bolsa para dar forraje a su burro, y vio su plata: ¡Estaba en la boca de la bolsa! 28 Les dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero: está aquí en mi bolsa.» Se quedaron sin aliento y se miraban asustados mientras decían: «¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?»
29 Al llegar donde su padre Jacob, en la tierrra de Canaán, le contaron todo lo que les había sucedido:
30 «El hombre que gobierna ese país nos habló con aspereza y nos tomó por espías, 31 pero nosotros le dijimos: «Nosotros somos gente honrada y no espías. 32 Eramos doce hermanos, hijos del mismo padre, pero uno de nosotros ya no vive, y el hermano más pequeño se quedó con nuestro padre en el país de Canaán.» 33 Entonces el señor del país, nos dijo: «Para que yo pueda comprobar si ustedes dicen la verdad, se va a quedar conmigo uno de ustedes; mientras tanto tomen lo que hace falta en sus casas y márchense. 34 Pero tráiganme a su hermano menor, y así conoceré que ustedes son personas honradas y no espías. Sólo entonces les devolveré a su hermano y podrán moverse libremente por este país.»
35 Ahora bien, cuando vaciaron sus bolsas, cada uno de ellos encontró su dinero en la boca de la misma. Este descubrimiento les produjo temor a ellos y a su padre. 36 Jacob, su padre, les dijo: «Ustedes me van a dejar sin hijos: falta José, falta Simeón, ¡y ahora quieren llevarse a Benjamín! ¡Todas estas cosas recaen sobre mí!»
37 Pero Rubén dijo a su padre: «Quita la vida a mis dos hijos si no te lo devuelvo. Confíamelo a mí, y yo te lo traigo de vuelta.» 38 Jacob respondió: «No bajará mi hijo con ustedes. Su hermano ha muerto y sólo me queda él. Si le ocurre cualquier desgracia en el viaje, me moriré de pena en mi ancianidad, y será por culpa de ustedes.»



Génesis 43
Segundo viaje a Egipto

1 La escasez de alimentos seguía muy grande en el país, 2 y cuando se acabó el trigo que habían traído de Egipto, su padre les dijo: «Vuelvan a comprarnos un poco de comida.» 3 Judá le contestó: «Aquel hombre nos dijo bien claro que no nos admitiría en su presencia si no iba con nosotros nuestro hermano. 4 Si mandas a Benjamín con nosotros, entonces iremos a buscar provisiones, 5 pero si no lo mandas, no bajaremos, porque aquel hombre nos dijo: «No verán mi cara si no está con ustedes su hermano el más pequeño.» 6 Dijo entonces Israel: «¿Por qué, para desgracia mía, le dijeron a ese hombre que tenían otro hermano?» 7 Ellos contestaron: «Aquel hombre nos interrogó con tanta insistencia sobre nosotros y nuestra familia: ¿Vive todavía el padre de ustedes? ¿Tienen algún otro hermano? Y nosotros contestamos a esas preguntas. ¿Cómo ibamos a imaginar que nos diría: Tráiganme a su hermano?»
8 Entonces Judá dijo a su padre Israel: «Deja que el muchacho venga conmigo, para que podamos partir. Sólo así podremos seguir viviendo nosotros y nuestros hijos, en vez de morir. 9 Yo respondo por él, pídeme cuenta de él. Si no te lo traigo de vuelta y no te lo muestro de nuevo, no me perdones jamás esta falta. 10 Si no nos hubiéramos demorado tanto, a estas horas ya hubiéramos vuelto dos veces.»
11 Israel, su padre, les dijo: «Ya que no queda más remedio, hagan lo siguiente. Echen en sus bolsas algo de los productos del país: tragacanto, miel, goma, láudano, pistacho y almendras, y llévenselo como regalo a ese hombre. 12 Tomen doble cantidad de plata y devuelvan el dinero que apareció en la boca de sus bolsas, tal vez se deba a una equivocación. 13 Y tomen a su hermano menor para volver donde aquel hombre. 14 Que el Dios de las Alturas les haga hallar misericordia ante ese hombre para que les devuelva a su otro hermano, y a Benjamín. En cuanto a mí, si pierdo a mis hijos, es que tenía que perderlos.»
15 Tomaron entonces los regalos y doble cantidad de dinero, y también a Benjamín, y bajaron a Egipto. Se presentaron ante José.
16 Cuando José vio que Benjamín estaba con ellos, dijo a su mayordomo: «Lleva a casa a estos hombres, haz matar algún animal y que se prepare un banquete, porque estos hombres comerán conmigo a mediodía.» 17 El mayordomo hizo como José le ordenó, y llevó estos hombres a la casa de José.
18 Ellos se asustaron porque los llevaban a la casa de José, y comentaban entre sí: «Seguramente nos traen aquí a causa del dinero que nos fue devuelto la primera vez. Nos están preparando una trampa y nos van a asaltar; nos tomarán como esclavos y se apoderarán de nuestros burros.» 19 Por eso, estando ya para pasar la puerta, se acercaron al mayordomo de José y le dijeron: 20 «Perdón, mi señor, pero ya vinimos una vez a comprar grano, 21 y cuando en la posada abrimos nuestras bolsas, el dinero de cada uno estaba en la boca de las bolsas. Contamos bien la plata y ahora la traemos aquí para devolverla. 22 Y traemos además plata para comprar más comida. No sabemos quién puso el dinero en nuestras bolsas.» 23 El mayordomo les dijo: «Quédense tranquilos y no tengan miedo. El Dios de ustedes y el Dios de su padre les ha puesto ese tesoro en sus bolsas, pues yo recibí toda su plata.» Y en seguida les devolvió a Simeón.
24 El hombre los hizo entrar en la casa de José y les dio agua para que se lavaran los pies, y mandó dar forraje a sus burros. 25 Ellos prepararon el regalo y esperaron a que José llegara al mediodía, porque habían oído decir que comería allí. 26 Al entrar José en la casa, le ofrecieron el regalo y lo saludaron inclinándose hasta el suelo. 27 El les preguntó cómo estaban; les dijo: «¿Está bien el padre de ustedes, aquel anciano de quien me hablaron? ¿Vive todavía?» 28 Ellos respondieron: «Tu siervo, nuestro padre, está bien y vive todavía.» Y se arrodillaron, inclinándose hasta el suelo.
29 Entonces José, levantando la vista vio a su hermano Benjamín, hijo de su misma madre, y dijo: «¿Es éste el hermano menor del cual me hablaron?» Y le dijo: «¡Dios te bendiga, hijo mío!» 30 José tuvo que salir rápidamente, porque se sintió muy conmovido por la presencia de su hermano y le vinieron ganas de llorar. Apenas entró en su habitación se puso a llorar. 31 Después se lavó la cara y volvió. Tratando de dominarse, ordenó: «Sirvan la comida.» 32 Se la sirvieron por separado: a él aparte, también aparte a ellos, y a los egipcios que comían con él también les sirvieron aparte. Es que los egipcios no pueden comer con los hebreos: de hacerlo, Egipto se tendría por deshonrado.
33 Se sentaron frente a él, empezando por el mayor de acuerdo a su derecho, y terminando por el menor, como corresponde a un joven, mirándose el uno al otro con asombro. 34 Después separó para ellos porciones de lo que se le ponía delante, y la porción de Benjamín era cinco veces más grande que la de los demás. Y bebieron con él hasta que todos se sintieran muy alegres.




Salmo 27
Junto a Dios no hay temor


En medio de las luchas de la presente vida, el militante no se des anima, porque grande es la esperanza que le reserva el Señor al final de su combate.
1 El Señor es mi luz y mi salvación,
1 ¿a quién he de temer?
1 Amparo de mi vida es el Señor,
1 ¿ante quién temblaré?
2 Cuando los malvados se lanzan contra mí
2 para comer mi carne,
2 ellos, mis enemigos y contrarios,
2 tropiezan y perecen.
3 Si me sitia un ejército contrario,
3 mi corazón no teme;
3 si una guerra estalla contra mí,
3 aún tendré confianza.
4 Una cosa al Señor sólo le pido,
4 la cosa que yo busco
4 es habitar en la casa del Señor
4 mientras dure mi vida,
4 para gozar de la dulzura del Señor
4 y cuidar de su santuario.
5 Porque él me dará asilo en su cabaña
5 en tiempos de desdicha,
5 me ocultará en el secreto de su tienda,
5 y me alzará sobre la roca.
6 Y ahora mi cabeza se levanta
6 sobre mis enemigos que me cercan.
6 Jubiloso en su carpa ofreceré
6 sacrificios con aclamaciones.
6 Quiero cantar, tocar para el Señor.
7 Señor, oye la voz con que a ti clamo,
7 escucha, por piedad.
8 Mi corazón de ti me habla diciendo:
8 «Procura ver su faz».
9 Es tu rostro, Señor, lo que yo busco,
9 no me escondas tu cara.
9 Con enojo a tu siervo no rechaces;
9 eres tú mi defensa,
9 ¡no me abandones, no me dejes solo,
9 mi Dios y Salvador!
10 Si me abandonaran mi padre y mi madre,
10 me acogería el Señor.
11 Enséñame, Señor, tus caminos,
11 y guíame por sendero llano.
12 Líbrame del afán de mis contrarios,
12 pues contra mí se levantan falsos testigos
12 que lanzan amenazas.
13 La bondad del Señor espero ver
13 en la tierra de los vivientes.
14 Confía en el Señor, ¡ánimo, arriba!,
14 espera en el Señor.



Mateo 15,1-20
Mandatos de Dios y enseñanzas de hombres


1 Unos fariseos y maestros de la Ley habían venido de Jerusalén. Se acercaron a Jesús 2 y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los antepasados? No se lavan las manos antes de comer.»
3 Jesús contestó: «Y ustedes, ¿por qué quebrantan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones? 4 Pues Dios ordenó: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre. Y también: El que maldiga a su padre o a su madre debe ser condenado a muerte. 5 En cambio, según ustedes, es correcto decir a su padre o a su madre: Lo que podías esperar de mí, ya lo tengo reservado para el Templo. 6 En este caso, según ustedes, una persona queda libre de sus deberes para con su padre y su madre. Y es así como ustedes anulan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones.
7 ¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón profetizó Isaías de ustedes cuando dijo: 8 Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 9 El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres.»
Mancha al hombre lo que sale de él
:B:10 Luego Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan: 11 Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca.»
12 Poco después los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tu declaración?»
13 Jesús respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. 14 ¡No les hagan caso! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»
15 Entonces Pedro le pidió: «Explícanos esta sentencia.» 16 Jesús le respondió: «¿También ustedes están todavía cerrados? 17 ¿No comprenden que todo lo que entra por la boca va al estómago y después termina en el basural? 18 En cambio lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona.
19 Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, mentiras, chismes. 20 Estas son las cosas que hacen impuro al hombre; pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre.»
Jesús sana a la hija de una pagana
21 Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón. 22 Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.» 23 Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros.»
24 Jesús contestó: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.»
25 Pero la mujer se acercó a Jesús y, puesta de rodillas, le decía: «¡Señor, ayúdame!» 26 Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos.» 27 La mujer contestó: «Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.» 28 Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y en aquel momento quedó sana su hija.
Segunda multiplicación del pan
:B:29 De allí Jesús volvió a la orilla del mar de Galilea y, subiendo al cerro, se sentó en ese lugar. 30 Un gentío muy numeroso se acercó a él trayendo mudos, ciegos, cojos, mancos y personas con muchas otras enfermedades. Los colocaron a los pies de Jesús y él los sanó. 31 La gente quedó maravillada al ver que hablaban los mudos y caminaban los cojos, que los lisiados quedaban sanos y los ciegos recuperaban la vista; todos glorificaban al Dios de Israel.
32 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de esta gente, pues hace ya tres días que me siguen y no tienen comida. Y no quiero despedirlos en ayunas, porque temo que se desmayen en el camino.» 33 Sus discípulos le respondieron: «Estamos en un desierto, ¿dónde vamos a encontrar suficiente pan como para alimentar a tanta gente?» 34 Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete, y algunos pescaditos.»
35 Entonces Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo. 36 Tomó luego los siete panes y los pescaditos, dio gracias y los partió. Iba entregándolos a los discípulos, y éstos los repartían a la gente.
37 Todos comieron hasta saciarse y llenaron siete cestos con los pedazos que sobraron. 38 Los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. 39 Después Jesús despidió a la muchedumbre, subió a la barca y fue al territorio de Magadán.

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