DIA 27 Génesis 40--41 Salmo 26 Mateo 14,22-36



Génesis 40
José interpreta los sueños

1 Sucedió tiempo después, que dos funcionarios, el que preparaba las bebidas para el rey de Egipto, y el panadero principal, cometieron algunas faltas contra su señor el rey de Egipto. 2 Faraón se enojó contra el que le preparaba las bebidas y contra su panadero, 3 y los entregó en custodia al capitán de la guardia en la misma cárcel en que estaba José. 4 El capitán de la guardia encargó a José que los atendiera, y quedaron algún tiempo arrestados.
5 Una noche, tanto el que preparaba lasbebidas, como el panadero principal del rey de Egipto, tuvieron ambos un sueño en la prisión, y cada sueño requería una interpretación. 6 Cuando José los vino a ver por la mañana, se dio cuenta de que estaban muy preocupados. 7 Preguntó entonces a esos oficiales de Faraón que estaban con él en la prisión: «¿Por qué amanecieron con tan mala cara?» 8 Y le contestaron: «Los dos hemos tenido un sueño y nos falta quien lo interprete.» José les dijo: «¿No es Dios quien da el interpretar los sueños? Vamos, cuéntenme lo que soñaron.»
9 El que preparaba la bebida del rey contó primero su sueño a José así: «En mi sueño había frente a mí una parra, 10 y en la parra tres sarmientos. Apenas brotó, apareció la flor y maduraron los granos en los racimos. 11 Yo tenía en la mano la copa de Faraón, y tomando aquellas uvas las exprimía en la copa de Fa raón, y ponía la copa en sus manos.»
12 José le dijo: «Esto es lo que quiere decir tu sueño. Los tres sarmientos significan tres días. 13 Dentro de tres días Faraón te pondrá la cabeza en alto, pues te restablecerá en tu oficio, y volverás a colocar la copa en manos de Faraón, como lo hacías antes, cuando eras jefe de los que preparaban su bebida. 14 Acuérdate, pues, de mí cuando recuperes tu puesto, y habla en mi favor a Faraón, para que me mande sacar de esta cárcel. 15 Pues contra mi voluntad fui raptado del país de los hebreos, y tampoco aquí he hecho nada por lo que merezca estar en prisión.»
16 Al ver el jefe de los panaderos que José había dado una interpretación favorable, le dijo: «Voy a contar ahora mi sueño: Había tres canastos de pan blanco sobre mi cabeza. 17 En el canasto de arriba había toda clase de pasteles de los que come Faraón, pero los pájaros se lo comían del canasto que estaba sobre mi cabeza.» 18 Respondió José: «Este es el significado. Los tres canastos son tres días. 19 Pasados tres días, Faraón te pondrá la cabeza en alto, pues te colgará de un árbol y las aves vendrán a comer tu carne.»
20 Al tercer día era el cumpleaños de Faraón, y dio un banquete a todos sus servidores. Y cuando estuvo con ellos, se acordó del jefe de los que preparaban las bebidas y del jefe de los panaderos. 21 Repuso en su puesto al que preparaba las bebidas, quien de nuevo puso la copa en las manos de Faraón, 22 mientras al jefe de los panaderos lo hizo colgar, tal como José lo había interpretado.
23 El que preparaba las bebidas no se volvió a acordar de José: sencillamente lo había olvidado.


Génesis 41
Los sueños de Faraón


1 Dos años después Fa raón tuvo este sueño: Estaba él a orillas del Nilo, 2 cuando vio que salían del río siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron a pastar entre los juncos. 3 Detrás de ellas salieron otras siete vacas feas y flacas que se pusieron al lado de las primeras a la orilla del río. 4 Pero las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas gordas y hermosas. Entonces Fa raón se despertó.
5 Se quedó de nuevo dormido, y tuvo otro sueño: Vio siete espigas granadas y buenas que salían de un mismo tallo. 6 Después de éstas brotaron otras siete espigas pequeñas y quemadas por el viento, 7 y estas espigas pequeñas y quemadas por el viento se tragaron a las siete granadas y repletas. Se despertó Faraón, y se dio cuenta que era un sueño.
8 Aquella mañana Faraón se levantó muy preocupado, y mandó llamar a todos los adivinos y sabios de Egipto. Les contó sus sueños, pero ninguno fue capaz de interpretarlos. 9 Entonces el jefe de los que preparan las bebidas pidió la palabra y dijo a Faraón: «Me estoy acordando de una falta mía. 10 Faraón se había enojado contra sus siervos, y me dejó detenido en la casa del capitán de la guardia, junto con el panadero del palacio. 11 El y yo tuvimos sendos sueños en la misma noche, y que requerían una interpretación. 12 Con nosotros estaba un joven hebreo, un servidor del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños y él los interpretó, a cada uno le dio la interpretación. 13 Y todo sucedió tal como él lo había dicho: yo fui repuesto en mi cargo y el jefe de los panaderos ahorcado.»
14 Faraón entonces mandó traer a José. Fue sacado rápidamente de la cárcel, lo afeitaron y cambiaron de ropa, y lo presentaron a Faraón. 15 Dijo Faraón a José: «He tenido un sueño, y nadie ha sido capaz de explicarlo, pero he oído decir que a ti te basta con que te cuenten un sueño para que tú lo interpretes.» 16 José respondió: «No soy yo, sino Dios quien te dará una respuesta acertada.» 17 Y Faraón contó su sueño a José:
17 «Estaba yo parado a la orilla del río, 18 cuando de pronto subieron del río siete vacas hermosas y muy gordas que se pusieron a pastar entre los juncos. 19 Pero detrás de ellas subieron otras siete vacas tan flacas y feas como no había visto nunca en todo Egipto. 20 Y las siete vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas gordas. 21 Pero una vez que las tuvieron en su vientre, no se notaba en absoluto, pues seguían tan flacas y feas como antes. Entonces me desperté. 22 Vi también en mi sueño siete espigas llenas y granadas que salían de un solo tallo. 23 Pero brotaron detrás de ellas siete espigas pequeñas, vacías y quemadas por el viento. 24 Las espigas vacías se tragaron a las espigas hermosas. Se lo he contado a los adivinos, pero ninguno de ellos me lo ha podido explicar.»
25 José dijo a Faraón: «El sueño de Faraón es uno solo: Dios ha anunciado a Faraón lo que El va a hacer. 26 Las siete vacas hermosas, al igual que las siete espigas granadas, son siete años de abundancia. 27 Las siete vacas feas y raquíticas que salieron detrás, al igual que las siete espigas vacías y quemadas por el viento del este, son siete años de hambre. 28 Como dije a Faraón, Dios le está manifestando lo que está para suceder. 29 Vendrán siete años de gran abundancia en todo Egipto, 30 pero en seguida vendrán siete años de escasez que harán olvidar toda la abundancia anterior, y el país quedará extenuado por el hambre. 31 Tan terrible será la escasez que sobrevendrá, que ya nadie volverá a recordar los tiempos de abundancia.
32 Si el sueño se te presentó dos veces, esto quiere decir que Dios está muy decidido a realizar estas cosas y que se apresura a cumplirlas. 33 Ahora, pues, aconsejo a Faraón que busque un hombre inteligente y sabio para ponerlo al frente de Egipto. 34 Que Faraón nombre, además, intendentes en todo el país, para que recauden la quinta parte de la cosecha durante estos siete años de abundancia. 35 Recogerán todos los víveres de estos siete años de abundancia, y almacenarán el grano en las ciudades, donde los guardarán bajo la autoridad de Faraón. 36 De esta manera habrá reservas en el país para los siete años de escasez que van a afectar a Egipto, y el pueblo no morirá de hambre.»

José, primer ministro
37 La propuesta de José agradó a Faraón y a sus servidores, y dijo Faraón a sus oficiales: 38 «¿Se podrá encontrar otro hombre como éste, que tenga el espíritu de Dios?» 39 Y dijo a José: «Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay hombre más inteligente ni sabio que tú. 40 Tú estarás al frente de toda mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes. Solamente yo estaré por encima de ti.»
41 Faraón dijo a José: «Mira, te he puesto al frente de todo el país de Egipto.» 42 Y quitándose el anillo de su dedo, lo puso en el dedo de José; lo hizo vestir con ropas de lino fino y le puso un collar de oro en el cuello. 43 Luego lo hizo subir a la segunda carroza del palacio e iban gritando delante de él: «¡Abran camino!» Así quedó José al frente de todo el país de Egipto.
44 Dijo Faraón a José: «¡Yo soy Faraón! Sin tu consentimiento, nadie moverá mano o pie en Egipto.» 45 Faraón llamó a José Safnat-Paneaj y le dio por esposa a Asenat, hija de Poti Fera, sacerdote del dios On. Después de esto José salió a recorrer todo el país de Egipto. 46 José tenía treinta años cuando se presentó ante Faraón, rey de Egipto. Se retiró de su presencia y empezó a recorrer todo el país de Egipto.
47 Durante los siete años de abundancia hubo grandes cosechas. 48 José juntó todos los víveres producidos en estos años de abundancia e hizo reservas en las ciudades; en cada ciudad almacenó los productos del campo de sus alrededores. 49 Y así José juntó una cantidad de trigo tan enorme como la arena del mar, hasta tal punto que perdieron la cuenta, pues sobrepasaba todo cálculo.
50 Antes de que llegaran los años de hambre, José tuvo dos hijos de su esposa Asenat, hija de Poti Fera, sacerdote del dios On. 51 Al primero lo llamó Manasés (que significa: «He olvidado»), pues se dijo: «Dios me ha hecho olvidar mi pena y a la familia de mi padre.» 52 Al segundo lo llamó Efraím (que significa: «He fructificado»), pues se dijo: «Dios me ha hecho fecundo en el país de mi aflicción.»
53 Pasados los siete años de abundancia en Egipto, 54 llegaron los siete años de escasez, tal como José había anunciado. Hubo hambre en todos los países, pero en todo Egipto había pan. 55 Cuando en Egipto se sintió el hambre, el pueblo pidió pan a gritos, y Faraón decía a todos los egipcios: «Vayan a José y hagan lo que él les diga.» 56 Había escasez por todo el país, pero José abrió los almacenes y vendió trigo a los egipcios.
56 Una gran hambruna asolaba todo el mundo. 57 Como el hambre se hacía sentir más y más en todos los países, de todas partes venían a Egipto a comprar trigo a José.


Salmo 26
Oración del justo.

—Hagamos nuestra la oración de ese «justo» que confirma su fidelidad. No deberíamos fijar la atención en nuestros méritos, como hizo el fariseo, sino en la nueva persona con que hemos sido revestidos en el bautismo: Cristo nos ha purificado y nos ha hecho ricos.
1 Júzgame, Señor, y ve que seguí la senda de los perfectos. En el Señor me apoyaba y por eso no me desviaba.
2 Revísame, Señor, y ponme a prueba; pon en el crisol mi conciencia, mi corazón.
3 Tu amor lo tengo ante mis ojos y tomo en cuenta tu fidelidad.
4 Con hombres tramposos no me siento ni me meto con los hipó critas.
5 Aborrezco el partido de los malos y con los malvados no me siento.
6 Lavo mis manos, que están limpias, y en torno a tu altar voy caminando, 7 mientras entono mi acción de gracias y recuerdo tus obras admirables.
8 Señor, cuánto amo la casa en que moras, y el lugar donde reside tu gloria.
9 No me confundas con las almas pecadoras; que no tenga mi vida el fin de los violentos, 10 cuyas manos están manchadas y cuyos bolsillos se llenan con sobornos.
11 Y a mí, como busco ser perfecto, rescátame, Señor, ten piedad de mí.
12 Mis pies pisan en terreno llano, bendeciré al Señor en las asam bleas.



Mateo 14,22-36
Jesús camina sobre las aguas

22 Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo.
24 La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra y las olas la gol-peaban duramente, pues soplaba el viento en contra. 25 Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. 26 Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y por el miedo se pusieron a gritar.
27 En seguida Jesús les dijo: «Ánimo, no teman, que soy yo.» 28 Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» 29 Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. 30 Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!» 31 Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?»
32 Subieron a la barca y cesó el viento, 33 y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!»
34 Terminada la travesía, desembarcaron en Genesaret. 35 Los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús y comunicaron la noticia por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos. 36 Le rogaban que los dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.

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