DIA 151--2 Samuel 23,8--24,25 Salmo 143 Marcos 16




2 Samuel 23,8-38
Los valientes de David

8 Estos son los nombres de los valientes que estuvieron al servicio de David: Isbaal el jacmonita, el jefe de los «Tres», quien con su lanza ultimó de una vez a ochocientos hombres.
9 Después de él, Eleazar hijo de Dodó el Ajojita, quien era uno de los tres valientes; estuvo con David en Pasdamín cuando los filisteos se concentraron para pelear. Los israelitas se retiraban, 10 pero él les hizo frente; peleó con los filisteos hasta quedar con la mano tan cansada que se le crispó en la espada. Ese día Yavé otorgó una gran victoria. El ejército volvió inmediatamente, pero no tuvo más que despojar a los enemigos. 11 Después de él, Samma hijo de Ela, el jararita. Los filisteos se habían reunido en Leji; había allí un campo de lentejas y el ejército dio la espalda ante los filisteos. 12 Entonces él se puso en medio del campo, se abrió paso y derrotó a los filisteos. Yavé concedió una gran victoria.
13 Entre los «Treinta» hubo tres que bajaron a reunirse con David en tiempo de la cosecha, en la gruta de Adulam, cuando una compañía de filisteos acampaba en el valle de los Refaim; 14 David estaba en el refugio y había un destacamento de filis teos en Belén. 15 David tuvo un deseo y dijo: «¿Quién pudiera traerme agua para tomar del pozo que está a la entrada de Belén?» 16 Los tres valientes se abrieron paso a través del campamento de los filisteos, sacaron agua del pozo que está a la entrada de Belén, la llevaron y se la pasaron a David. Pero éste no quiso tomarla y la derramó como ofrenda ante Yavé. 17 Declaró: «Líbreme Dios de tomar esta agua que es la sangre de esos hombres que arriesgaron su vida». No quiso pues tomarla. Eso fue lo que hicieron esos tres valientes.
18 El jefe de los «Treinta» era Abisaí, hermano de Joab e hijo de Seruya. Se hizo famoso entre los «Treinta» cuando, blandiendo su lanza, dio muerte a trescientos. 19 Fue el más célebre de los «Treinta» y llegó a ser su jefe, (pero no alcanzó el nivel de los «Tres»).
20 Benaías, hijo de Yoyada, era un valiente, autor de numerosas hazañas, venía de Cabuel. El fue quien derrotó a los dos héroes de Moab; un día de nieve bajó a un pozo para matar allí a un león. 21 También derrotó a un egipcio muy alto; el egipcio tenía en su mano una lanza, Benaías avanzó contra él con un garrote. Le quitó la lanza de la mano al egipcio y lo mató con su propia lanza. 22 Esas fueron las hazañas de Benaías, hijo de Yoyada. Se hizo famoso entre los treinta valientes 23 y fue aún más célebre que los «Treinta», (pero no se lo contó entre los «Tres»). David lo hizo entrar en su guardia personal.
24 Azael, hermano de Joab, formaba parte de los «Treinta». 25 Lo mismo Eljanán, hijo de Dodó, de Belén. 26 Jelés de Bet-Pelé, Ira, hijo de Iqués de Tecoa, 27 Abiezer de Anatot, Sibecai de Jusá, 28 Salmón de Ajoj, Majrai de Netofa, 29 Jeled, hijo de Baana, de Netofa, Itaí, hijo de Ribaí, de Guibea de Benjamín, 30 Benaías de Pireatón, Jiddaí de los Torrentes de Gaas, 31 Abibaal de Betaaraba, Azmavet de Bajurim, 32 Eliajba de Saalbón, Yasén de Guimzo, Jonatán, 33 hijo de Samma, de Jarar, Ajiam, hijo de Sarar de Jarar, 34 Elifelet, hijo de Ajasbaí, de Betmaacá, Eliam, hijo de Ajitofel, de Guiló, 35 Jesraí de Carmelo, Paraí de Arab, 36 Yiguel, hijo de Natán de Soba, Barú de Gad, 37 Selec, el amonita, Najrai de Beerot, quien era escudero de Joab, hijo de Seruya, 38 Ira de Yattir, Gareb de Yattir, 39 Urías el hitita. En total treinta y siete.



2 Samuel 24
El censo de David

1 De nuevo se encendió contra Israel la cólera de Yavé, quien impulsó a David a causar su desgracia. «Anda, le dijo, y haz el censo de Israel y Judá».
2 El rey dijo a Joab, el jefe del ejército, que estaba con él: «Recorre todas las tribus de Israel desde Dan hasta Bersebá. Cuenta al pueblo, así sabré cuántos son. 3 Joab dijo al rey: «Que Yavé tu Dios multiplique cien veces al pueblo, y que lo vean los ojos de mi señor el rey. ¿Pero por qué el rey mi señor quiere tal cosa?» 4 Pero como la palabra del rey era una orden para Joab y los jefes del ejército, salió de la casa del rey junto con los jefes del ejército para ir a hacer el censo de la población de Israel.
5 Atravesaron el Jordán y acamparon al sur de Aroer; la ciudad está en medio del Torrente de Gad. Continuaron luego hacia Yazer, 6 después llegaron a Galaad, al territorio de los hititas, a Cadés y de allí a Dan. Recorrieron los alrededores en dirección a Sidón, 7 llegaron a la fortaleza de Tiro y atravesaron las ciudades de los hivitas y de los cananeos. Luego salieron hacia Bersebá, en el Neguev de Judá. 8 Recorrieron pues todo el país y regresaron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. 9 Joab le entregó al rey el número exacto de la población: Israel contaba con ochocientos mil hombres de armas capaces de manejar la espada, y Judá, con quinientos mil.
10 Pero en seguida el corazón de David se puso a palpitar; ¡había censado al pueblo! Le dijo a Yavé: «Cometí un grandísimo pecado. Perdona, Yavé, ahora, el pecado de tu servidor: actué como un tonto».
11 Al día siguiente, mientras David se levantaba, la palabra de Yavé fue dirigida al profeta Gad, el vidente de David: 12 «Ve a transmitir a David esta palabra de Yavé: Te propongo tres cosas, elige una y la llevaré a cabo». 13 Gad se presentó ante David y le dijo: «¿Qué elegi rías: tres años de hambruna en todo el país, tres meses huyendo de un enemigo que te persigue, o tres días de peste en el país? Piénsalo, tú me dirás qué respuesta debo llevar al que me envió». 14 David dijo a Gad: «Estoy en un gran aprieto, pero es mejor para nosotros caer en las manos de Yavé, porque él es rico en misericordia, antes que caer en manos de los hombres». 15 Y David escogió la peste.
15 Era el tiempo de la cosecha del trigo, y Yavé envió la peste a Israel desde esa mañana hasta el plazo fijado. El flagelo golpeó al pueblo y murieron setenta mil hombres desde Dan hasta Bersebá.
16 El ángel exterminador extendió su mano hacia Jerusalén, pero Yavé se arrepintió del mal y dijo al ángel exterminador: «¡Detente! ¡Retira tu mano!» El ángel de Yavé estaba en ese momento cerca de la era de Arauna el jebuseo.
17 Cuando David vio al ángel que castigaba a la población, se volvió hacia Yavé y le dijo: «Yo pequé, yo cometí esa gran falta, pero ¿qué hizo el rebaño? Que tu mano se abata sólo sobre mí y la casa de mi padre».
18 Ese día el profeta Gad fue a ver a David y le dijo: «Sube y levanta un altar a Yavé en la era de Arauna el jebuseo». 19 David subió entonces, de acuerdo a la palabra de Gad, tal como Yavé lo había ordenado. 20 Ahora bien Arauna estaba mirando, vio al rey y a sus servidores que venían donde él. Arauna salió y se postró con el rostro en tierra delante del rey, 21 luego le preguntó: «¿Por qué el rey mi señor viene a la casa de su sirviente?» David le respondió: «Vengo a comprarte la era para levantar allí un altar a Yavé, pues así cesará el flagelo que se abate sobre el pueblo». 22 Arauna dijo entonces a David: «Que el rey mi señor tome y ofrezca todo lo que estime conveniente. Aquí están los bueyes para el holocausto, la rastra y los yugos de los bueyes proporcionarán la leña. 23 Todo eso, señor, se lo da Arauna al rey». Arauna le dijo además: «Que Yavé tu Dios acepte tu sacrificio».
23 Pero el rey respondió a Arauna: 24 «No, quiero pagarte su justo precio, no quiero ofrecer a Yavé mi Dios holocaustos que nada me cuestan». David compró entonces la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25 David levantó allí un altar a Yavé y ofreció en él holocaustos y sacrificios de comunión. Entonces Yavé tuvo piedad de Israel y se apartó la peste de Israel.


Salmo 143
Señor, escucha mi oración, atiende a mis plegarias, respóndeme, tú que eres fiel y justo.
2 No llames a juicio a tu siervo pues no hay quien sea justo en tu presencia.
3 El enemigo corre tras mi vida, me aplasta contra el suelo y me manda de vuelta a las tinieblas, junto a los muertos sin edad ni tiempo.
4 Mi espíritu en mí desfallece, mi corazón se asusta en mi interior.
5 Me acuerdo de los días de otro tiempo, medito en todas tus acciones, en la obra de tus manos reflexiono.
6 Alargo a ti mis manos, mi alma es una tierra sedienta de ti.
7 Apresúrate, Señor, en responderme, porque me estoy quedando sin resuello; no me escondas tu cara, que no sea de los que bajan a la fosa.
8 Hazme sentir tu amor desde la mañana, pues en ti yo confío; haz que sepa el camino que he de seguir, pues levanto a ti mi alma.
9 Líbrame, Señor, de mis enemigos, pues me escondí cerca de ti.
10 Enséñame a que haga tu voluntad, ya que tú eres mi Dios; que tu buen espíritu me guíe por un terreno plano.
11 Por el honor de tu nombre, Señor, haz que yo viva; tú que eres justo, sácame del aprieto.
12 Por tu amor aniquila a mis contrarios y destruye a mis opresores, pues yo soy tu servidor.



Marcos 16
Ha resucitado, no está aquí

1 Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo. 2 Y muy temprano, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Se decían unas a otras: 3 «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?» 4 Pero cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada a un lado, a pesar de ser una piedra muy grande.
5 Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron. 6 Pero él les dijo: «No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron. 7 Ahora vayan a decir a los discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea. Allí lo verán, tal como él les dijo.» 8 Las mujeres salieron corriendo del sepulcro. Estaban asustadas y asombradas, y no dijeron nada a nadie por el miedo que tenían.
Conclusión del Evangelio
9 Jesús, pues, resucitó en la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10 Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban. 11 Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no le creyeron.
12 Después Jesús se apareció, bajo otro aspecto, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito. 13 Volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron.
14 Por último se apareció a los once discípulos mientras comían, y los reprendió por su falta de fe y por su dureza para creer a los que lo habían visto resucitado.
15 Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer será condenado.
17 Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos.»
19 Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
20 Ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares. El Señor actuaba con ellos y confirmaba el mensaje con los milagros que los acompañaban.


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