DIA 18-Génesis 25--26 Salmo 18,1-30 Mateo 11,1-15


Génesis 25--26
Abraham y sus descendientes
1 Abraham tomó a otra mujer llamada Queturá, 2 de la que tuvo los siguientes hijos: Zamram, Jecsán, Madián, Jesboc y Suaj. 3 Jecsán fue padre de Saba y Dedán. Los hijos de Dedán fueron los asuritas, los latusíes y los leumíes. 4 De Madián nacieron: Efá, Efer, Enoc, Abidá y Eldaa. Todos estos fueron descendientes de Queturá.
5 Abraham dio todo lo suyo a Isaac. 6 A los hijos de las concubinas que tenía Abraham, en cambio, les hizo regalos, y estando él vivo todavía, los envió más al este, a los países del oriente, lejos de Isaac.
7 Abraham vivió ciento setenta y cinco años. 8 Abraham murió luego de una feliz ancianidad, cargado de años, y fue a reunirse con sus antepasados. 9 Sus dos hijos, Isaac e Ismael, lo sepultaron en la cueva de Macpelá, que está en el campo de Efrón, hijo de Seor el hitita enfrente de Mambré. 10 Esta era la finca que Abraham había comprado a los hititas, allí fueron sepultados Abraham y su esposa Sara. 11 Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac, que se fue a vivir cerca del pozo de Lajay-Roi.
12 Estos son los descendientes de Ismael, hijo de Abraham y de Agar la egipcia, esclava de Sara. 13 Y éstos son los nombres de los hijos de Ismael, y los nombres de sus descendientes: El primogénito es Nebaiot; después vienen Cedar, Ad beel, Mibsam, 14 Masma, Duma, Massa, 15 Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedma. 16 Estos son los hijos de Ismael y éstos son los nombres de sus pueblos y campamentos. Fueron doce, caudillos de sus respectivas tribus. 17 Ismael vivió ciento treinta y siete años. Luego murió y fue a juntarse con sus antepasados.
18 Sus descendientes permanecieron en la región que se extiende desde Hevilá hasta Sur, frente a Egipto, en dirección a Asur. Se mantienen a distancia de todos sus hermanos.
19 Estas son las memorias de Isaac, hijo de Abraham. 20 Abraham fue padre de Isaac. Cuando Isaac tenía cuarenta años, tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Paddán Aram, y hermana de Labán el arameo.

Nacimiento de Esaú y Jacob
21 Isaac suplicó a Yavé en favor de su esposa, pues era estéril. Yavé escuchó su oración y Rebeca, su esposa, quedó encinta. 22 Pero como los hijos chocasen entre sí en su seno, ella dijo: «Si esto debe seguir, yo me muero.» Y fue a consultar a Yavé. 23 Yavé le dijo: «Dos naciones hay en tu seno; dos pueblos se separarán desde tus entrañas. Uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.»
24 Llegó el día del nacimiento, y se comprobó que había mellizos en su vientre. 25 El primero que nació era rojizo y tan peludo que parecía un abrigo de pieles, por lo que lo llamaron Esaú. 26 Después salió su hermano, que agarraba con una mano el talón de Esaú, y lo llamaron Jacob.
26 Isaac tenía sesenta años cuando nacieron.
27 Los dos muchachos crecieron. Esaú llegó a ser un experto cazador y un hombre de campo abierto, mientras Jacob era un hombre tranquilo a quien le gustaba estar en la tienda. 28 Isaac quería a Esaú porque le gustaba la caza, pero Rebeca prefería a Jacob.
29 En cierta ocasión estaba Jacob cocinando un guiso, cuando llegó Esaú del campo, muy agotado. 30 Dijo Esaú a Jacob: «Por favor, dame un poco de ese guiso rojizo, pues estoy hambriento» (por eso fue llamado Edom, o sea, rojizo). 31 Jacob le dijo: «Me vendes, pues, ahora mismo tus derechos de primogénito.» 32 Esaú le respondió: «Estoy que me muero, ¿qué me importan mis derechos de primogénito?» 33 Jacob insistió: «Júramelo ahora mismo.» Y lo juró, vendiéndole sus derechos.
34 Jacob entonces dio a su hermano pan y el guiso de lentejas. Esaú comió y bebió, y después se marchó. No hizo mayor caso de sus derechos de primogénito.

Sucesos de la vida de Isaac
1 Hubo hambre en el país —ésta no se debe confundir con la primera hambruna que hubo en tiempos de Abraham—, y fue Isaac a Guerar, hacia Abimelec, rey de los filisteos. 2 Se le apareció Yavé y le dijo: «No bajes a Egipto, quédate en la tierra que yo te diga. 3 Serás forastero en esa tierra, pero yo estaré contigo y te bendeciré. Pues quiero darte a ti y a tus descendientes todas estas tierras, cumpliendo así el juramento que hice a tu padre Abraham. 4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y le daré todas esas tierras. Y por tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra, 5 como premio a la obediencia de Abraham, que guardó mis leyes y cumplió mis mandamientos y preceptos.»
6 Isaac, pues, se estableció en Guerar. 7 Cuando la gente de aquel país le preguntaba quién era la mujer que iba con él, les decía: «Es mi hermana.» Porque tenía miedo a decir que era su esposa, para que no lo fueran a matar por causa de Rebeca, que era muy bonita.
8 Llevaba ya bastante tiempo allí, cuando Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, sorprendió a Isaac acariciando a Rebeca. 9 Entonces Abimelec mandó llamar a Isaac y le dijo: «¡No puedes negar que es tu mujer! ¿Por qué has declarado que es tu hermana?» Isaac le contestó: «Es que pensé que por causa de ella me podrían matar.» 10 Abimelec replicó: «¿Qué es lo que nos has hecho? Por poco uno de aquí se acostaba con tu esposa y tú nos cargabas con un delito.» 11 Entonces Abimelec dio la siguiente orden a toda su gente: «El que toque a este hombre o a su esposa, morirá.»
12 Isaac sembró en aquella tierra y cosechó aquel año el ciento por uno. Yavé lo bendijo 13 de manera que se fue enriqueciendo día a día hasta que el hombre llegó a ser muy rico. 14 Tenía rebaños de ovejas, rebaños de vacas y numerosos criados, por lo que los filisteos empezaron a mirarlo con envidia. 15 Los filisteos taparon todos los pozos que habían cavado los servidores de su padre, en tiempos de Abraham, y los llenaron de tierra. 16 Entonces Abimelec dijo a Isaac: «Márchate de aquí, pues ahora eres más poderoso que nosotros.» 17 Isaac partió de allí y acampó en el valle de Guerar, en donde se quedó.
18 Isaac volvió a abrir los pozos que habían sido cavados en tiempos de su padre Abraham, y que habían tapado los filisteos después de la muerte de Abraham, y les puso los mismos nombres que les había puesto su padre. 19 Después los hombres de Isaac hicieron excavaciones en el valle y dieron con una capa de agua. 20 Pero los pastores de Guerar riñeron con los pastores de Isaac diciendo que el agua era de ellos. Por eso, Isaac llamó a ese pozo Esec, ya que se habían peleado por él. 21 Excavaron otro pozo, pero también hubo peleas, por lo que lo llamó Sitna. 22 Se fue de allí a otra parte y mandó cavar otro pozo, y como esta vez nadie se peleó por él, le puso el nombre de Rejobot, pues dijo: «Por fin Yavé nos ha dado campo libre. Ahora sí que podremos prosperar en esta tierra.»
23 De allí subió a Bersebá. 24 Yavé se le apareció aquella misma noche y le dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, porque yo estoy contigo. Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham, mi servidor.» 25 Levantó allí un altar e invocó el nombre de Yavé. Luego plantó allí mismo su tienda, y sus hombres cavaron un pozo.
26 Abimelec vino desde Guerar a verlo, acompañado de su amigo Ajuzat, y de Ficol, jefe de su ejército. 27 Isaac les dijo: «¿Por qué vienen a visitarme, si son ustedes los que no me quieren y me han expulsado?» 28 Le contestaron: «Hemos visto claramente que Yavé está contigo, y hemos dicho: Prometamos con juramento, nosotros y tú, que viviremos en paz. 29 Y hagamos un pacto: tú no nos harás ningún mal, ya que nosotros no te hemos tocado nada sino que, al contrario, sólo te hicimos bien y te dejamos partir tranquilamente. Tú eres el protegido de Yavé.»
30 Isaac les dio un banquete, y comieron y bebieron. 31 Se levantaron muy temprano y se hicieron juramento unos a otros. Luego Isaac los despidió y se fueron en paz por su camino. 32 Ese mismo día llegaron unos servidores de Isaac a comunicarle que habían abierto un pozo y que habían encontrado agua. 33 El lo llamó Sebá, y de aquí viene que la ciudad se llame Bersebá hasta el día de hoy.
34 Cuando Esaú tenía cuarenta años, tomó por esposa a Judit, hija de Berí el heteo, y a Basemat, hija de Elón, heteo también. 35 Pero ellas amargaron la vida a Isaac y a Rebeca.




Salmo 18,1-30
Un liberador da gracias a Dios.
— El presente salmo fue escrito después de una victoria: entusiasmo, ardor del agradecimiento: Dios sacudió el universo para venir en mi ayuda.
2 Yo te amo, Señor, mi fuerza, 3 El Señor es mi roca y mi fortaleza; es mi libertador y es mi Dios, es la roca que me da seguridad; es mi escudo y me da la victoria.
4 Invoco al Señor que es digno de alabanzas, y me veo libre de mis enemigos.
5 Las aguas de la muerte me envolvían, los torrentes devastadores me aterraban; 6 las redes de la muerte me cercaban, ante mí estaban tendidas trampas mortales.
7 En mi angustia yo invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Mi clamor llegó hasta sus oídos y desde su Templo oyó mi voz.
8 Tembló la tierra y se estremeció, se sacudieron las bases de los montes, que temblaban con sólo ver su furor.
9 Subía humo de sus narices y de su boca salía un fuego abrasador que arrojaba carbones encendidos.
10 El inclinó los cielos y descendió, con una densa nube bajo sus pies.
11 Montó en un querubín y emprendió vuelo; planeaba sobre las alas del viento.
12 En torno a él, un manto de tinieblas, un oscuro aguacero era su toldo.
13 Un resplandor lo iba precediendo con granizos y brasas encendidas.
14 Tronó el Señor desde los cielos, el Altísimo hizo oír su voz.
15 Tiró sus flechas y los dispersó, lanzó sus rayos y los derrotó.
16 Entonces apareció el fondo del mar y las bases del mundo se descubrieron, al ver, Señor, tu enojo, al pasar el soplo de tus narices.
17 Desde lo alto su mano me tomó, y me rescató de las aguas profundas.
18 Me libró de enemigos poderosos, de enemigos más fuertes que yo.
19 Me asaltaron el día en que me iba mal, pero el Señor vino en mi ayuda.
20 Me sacó a un espacio abierto, me salvó porque me amaba.
21 El Señor según mis méritos me trata, limpias son mis manos, y él me lo paga.
22 Porque guardé los caminos del Señor y no hice el mal lejos de mi Dios.
23 Me acuerdo siempre de sus decisiones, y nunca descarto sus mandamientos.
24 Ante él soy irreprochable y me cuido de cometer pecado alguno.
25 Por eso me retribuye según mis méritos, según mi pureza que sus ojos ven.
26 Con el que es fiel, tú te muestras fiel; si alguien no falla, tampoco tú le fallas.
27 Con el que es sin doblez tú eres leal, pero pillas al hombre si es tramposo.
28 Tú salvarás a un pueblo humilde y humillarás los ojos altaneros.
29 Tú haces, Señor, que brille mi lámpara, ¡mi Dios ilumina mis tinieblas!
30 Contigo acometo las huestes, con mi Dios escalo la muralla.


Mateo 11,1-15
Jesús y Juan Bautista

1 Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí para predicar y enseñar en las ciudades judías.
2 Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos 3 a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»
4 Jesús les contestó: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están viendo y oyendo: 5 los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. 6 ¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!»
7 Una vez que se fueron los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? 8 ¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas finas viven en palacios. 9 Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso sí y, créanme, más que un profeta. 10 A éste se refiere el texto de la Escritura: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te preceda abriéndote el camino.
11 Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él.
12 Desde los días de Juan Bautista hasta ahora el Reino de Dios es cosa que se conquista, y los más decididos son los que se adueñan de él.
13 Hasta Juan, todos los profetas y la Ley misma se quedaron en la profecía. 14 Pero, si ustedes aceptan su mensaje, Juan es este Elías que había de venir. 15 El que tenga oídos para oír, que lo escuche.

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