DIA 147-- 2 Samuel 17--18 Salmo 139 Marcos 14,43-72


2 Samuel 17
1 Ajitofel dijo a Absalón: «Permíteme que elija a doce mil hombres, pues quiero perseguir a David esta misma noche. 2 Lo atacaré mientras se encuentra fatigado y con las manos cansadas, sembraré el pánico en el pueblo y el pueblo huirá. Entonces me bastará con ultimar al rey, 3 y te traeré a todo el pueblo tal como vuelve una novia donde su novio. No necesitas más que la vida de un hombre, y al pueblo no le pasará nada».
4 Le pareció buena la cosa a Absalón y a todos los dirigentes de Israel. 5 Pero Absalón dijo: «Llamen a Jusaí el arquita, para que oigamos su consejo». 6 Jusaí se acercó a Absalón y éste le dijo: «Ajitofel nos dio este consejo. ¿Tenemos que seguirlo? Porque si no, ¿qué propones tú?». 7 Jusaí respondió a Absalón: «Por esta vez el consejo de Ajitofel no es bueno». 8 Y Jusaí añadió: «Sabes bien que tu padre y sus compañeros son valientes, están tan enfurecidos como una osa salvaje a la que le han quitado sus crías, o como el jabalí en la pradera. Tu padre es un buen soldado, y ciertamente no dejará que el ejército cierre los ojos; 9 en este momento, con toda seguridad, debe estar oculto en alguna caverna o en cualquier otro lugar. Si los nuestros pierden hombres desde el comienzo, correrá el rumor y dirán: El ejército de Absalón sufrió una derrota. 10 Entonces hasta los más valientes, los que tienen un corazón de león, se desanimarán, porque todo Israel sabe que tu padre y los que están con él son valientes. 11 Por eso más bien te aconsejo que mandes reunir a todo Israel, desde Dan hasta Bersebá, y tú mismo marcharás al frente de ese ejército tan numeroso como las arenas del mar.
12 Lo atacaremos, esté donde esté, nos dejaremos caer sobre él tal como cae el rocío en el suelo y no dejaremos con vida ni a él ni a sus compañeros. 13 Si se atrinchera en una ciudad, todo Israel juntará cordeles para tirar esa ciudad al torrente, de tal modo que no quedará allí ni una piedra».
14 Absalón y toda la gente de Israel exclamaron: «El consejo de Jusaí el arquita es mejor que el de Ajitofel». Es que Yavé había decidido que no se tomara en cuenta el consejo de Ajitofel que era el bueno, para que así le fuera mal a Absalón.
15 Jusaí dijo entonces a los sacerdotes Sadoc y Ebiatar: «Ajitofel dio este consejo a Absalón y a los ancianos de Israel, pero esto es lo que yo les aconsejé. 16 Vayan ahora rápidamente a avisarle a David. Díganle: No te quedes esta noche en los desfiladeros del desierto. Apresúrate en atravesar, si no el rey y su ejército corren el riesgo de ser aniquilados».
17 Jonatán y Ajimaas estaban cerca de la fuente de Roguel y una sirvienta tenía que comunicarse con ellos para que llevaran la noticia al rey, porque no querían entrar en la ciudad y que los vieran. 18 Pero un joven los vio y dio aviso a Absalón. Entonces ambos salieron huyendo y se refugiaron en casa de un hombre de Bajurim. Había en el patio un pozo donde se escondieron. 19 La mujer tomó un pedazo de cuero, lo extendió sobre el brocal del pozo y desparramó encima grano, de tal modo que no se veía nada.
20 Los servidores de Absalón llegaron donde la mujer y le preguntaron: «¿Dónde están Ajimaas y Jonatán?» La mujer les respondió: «Siguieron su camino hacia el Jordán». Los buscaron, y como no los encontraron, retornaron a Jerusalén. 21 Después que se fueron, Ajimaas y Jonatán salieron del pozo y fueron a prevenir a David: «Salgan inmediatamente, apresúrense en cruzar el río, porque esto fue lo que respecto a ustedes aconsejó Ajitofel». 22 David y todo el ejército que lo acompañaba iniciaron la marcha, pasaron el Jordán y al alba todos habían cruzado el Jordán.
23 Cuando Ajitofel vio que no se había seguido su consejo, ensilló su burro y regresó a la casa que tenía en la ciudad, puso todo en orden en su casa y se ahorcó.
24 Mientras Absalón atravesaba el Jordán con todos los israelitas, David ya había llegado a Majanayim. 25 Absalón había nombrado jefe del ejército a Amasa en vez de Joab (Amasa era hijo de Yitra el ismaelita, quien se había unido a Abigaíl, hija de Jesé, y hermana de Seruya, la madre de Joab). 26 Israel y Absalón instalaron su campamento en el territorio de Galaad.
27 Cuando David llegó a Majanayim, Sobi, hijo de Najaz de Rabbá de los amonitas, Matri, hijo de Ammiel de Lo-Debar, y Barcilay de Roglim de Galaad, 28 le llevaron colchonetas, frazadas, copas y vajilla. También le llevaron trigo y cebada, harina, trigo tostado, habas y lentejas, 29 miel y leche cuajada, quesos de oveja y de vaca, para que se alimentaran David y el pueblo que lo acompañaba. Pues se habían dicho: «Después de la caminata por el desierto, este pueblo debe estar fatigado, con hambre y con sed».



2 Samuel 18
1 David pasó revista a los hombres que estaban con él y puso al frente de ellos a jefes de mil y de cien. 2 Luego David dividió al ejército en tres: un tercio se lo pasó a Joab, otro a Abisaí, hijo de Seruya y hermano de Joab, y el último a Itaí de Gat. El rey dijo a la tropa: «Yo también iré con ustedes». 3 Pero la tropa respondió: «No, es mejor que no vengas, porque si damos vuelta la espalda, nadie se fijará en eso. Si muere la mitad de nosotros, nadie reparará en ello, pero tú, tú eres como diez mil de nosotros. Es mejor que te quedes en la ciudad para que así puedas ayudarnos».
4 El rey les dijo: «Haré lo que a ustedes mejor les parezca». Se quedó pues en la puerta de la ciudad y salió toda la tropa en destacamentos de a cien y de a mil. 5 El rey dio esta orden a Joab, Abisaí y a Itaí: «Por respeto a mí traten bien al joven Absalón». Todo el ejército oyó la orden que había dado el rey a los jefes con respecto a Absalón.
Derrota y muerte de Absalón
6 El ejército de David salió al encuentro de Israel y la batalla tuvo lugar en los bosques de Efraín. 7 Fue una gran derrota para el ejército de Israel, la gente de David los aplastaron y perdieron veinte mil hombres. 8 La batalla prosiguió luego por todo el sector y ese día perecieron más hombres en las barrancas del bosque que en el combate.
9 Los hombres de David hallaron a Absalón por casualidad; iba montado en su mula y ésta pasó debajo de las ramas de una gran encina. Sus cabellos se enredaron en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra mientras la mula seguía su carrera. 10 Un hombre lo vio y le avisó a Joab: «Vi a Absalón que está colgado de una encina». 11 Joab dijo al que le trajo la noticia: «¡Así que lo viste! ¿Y por qué no lo mataste allí mismo? Te habría dado diez piezas de plata y un cinturón». 12 Pero el hombre le respondió: «Aunque tuviera en mis manos mil piezas de plata, no pondría la mano encima del hijo del rey. Ante todos nosotros el rey dio esta orden a ti, a Abisaí y a Itaí: Por respeto a mí, no maten al joven Absalón. 13 Aunque yo no lo hubiera dicho, el rey lo habría sabido, y tú no me hubieras defendido». 14 Joab le dijo: «Estoy perdiendo el tiempo contigo». Y yendo al árbol de donde colgaba Absalón, le clavó personalmente tres dardos en el corazón, cuando aún estaba vivo. 15 Entonces se acercaron diez jóvenes escuderos de Joab y lo remataron.
16 Joab tocó entonces el cuerno para que la tropa se detuviera y dejara de perseguir a Israel. 17 Tomaron a Absalón y lo echaron en una gran fosa en medio del bosque, y amontonaron piedras encima. Los israelitas, por su parte, habían huido, yendo cada cual a su lugar.
18 Absalón se había levantado en vida una estela en el Valle del rey, porque decía: «No tengo hijos para que se conserve mi nombre». Le puso su nombre a la piedra que erigió y todavía hoy se la llama «el monumento de Absalón».
19 Ajimaas hijo de Sadoc dijo entonces: «Voy a ir corriendo donde el rey a comunicarle esta buena noticia de que Yavé le ha hecho justicia y lo libró de sus enemigos». 20 Pero Joab le dijo: «Tú no serás por ahora el mensajero, pues la noticia no es buena, sino mala, siendo que ha muerto el hijo del rey. Será para otra vez». 21 Joab dijo entonces al Cusita: «Anda a anunciar al rey lo que viste». El cusita se inclinó ante Joab y salió corriendo.
22 Ajimaas hijo de Sadoc insistió y dijo a Joab: «No importa lo que pase. Yo también quiero correr tras ese cusita». Joab le dijo: «¿Para qué vas a correr, hijo, si no obtendrás ninguna recompensa?» 23 El respondió: «No importa, quiero ir». Joab le dijo entonces: «Muy bien, corre». Ajimaas salió corriendo, tomó el camino de la llanura y adelantó al cusita.
Anuncian a David la muerte de Absalón
24 David estaba sentado entre las dos puertas y el centinela hacía la ronda por el techo de la puerta encima de las murallas. Levantó la vista y divisó a un hombre que corría solo.
25 El centinela gritó la noticia al rey, quien exclamó: «Si viene solo, es porque trae buenas noticias». 26 Mientras se acercaba el hombre, el centinela divisó a otro que corría detrás, llamó al portero y le dijo: «Hay otro hombre que también viene corriendo solo». El rey dijo: «También ese trae buenas noticias».
27 El centinela replicó: «Reconozco al primero por su manera de correr: es Ajimaas, hijo de Sadoc». El rey dijo: «Es un hombre valioso, seguramente trae una buena noticia». 28 Cuando Ajimaas estuvo muy cerca, gritó: ¡Salud!» Luego se postró con el rostro en tierra ante el rey. «¡Bendito sea Yavé tu Dios, dijo, porque destruyó a los hombres que se habían rebelado contra el rey mi señor!» 29 El rey dijo entonces: «¿Está a salvo el joven Absalón?» Ajimaas respondió: «Cuando tu servidor Joab me envió, vi una gran confusión, pero no supe qué era». 30 El rey le dijo: «Ponte allí y aguardemos». Se puso a un lado y esperó.
31 Detrás de él llegó el cusita, quien dijo: «Reciba esta buena noticia el rey mi señor: Yavé te hizo hoy justicia, te libró de todos los que se habían alzado contra ti». 32 El rey preguntó al cusita: «¿Está a salvo el joven Absalón?» El cusita le respondió: «Que los enemigos del rey mi señor, que todos los que se rebelan contra él para hacerle mal corran la misma suerte que ese joven».



Salmo 139
Dios lo sabe todo.

—Oración llena de admiración frente a la sabiduría de Dios; «todo está descubierto y abierto a la vista de aquel a quien tenemos que rendir cuentas» (Hebreos 4,13).
1 Señor, tú me examinas y conoces,
2 sabes si me siento o me levanto,
2 tú conoces de lejos lo que pienso.
3 Ya esté caminando o en la cama me escudriñas,
3 eres testigo de todos mis pasos.
4 Aún no está en mi lengua la palabra
4 cuando ya tú, Señor, la conoces entera.
5 Me aprietas por detrás y por delante
5 y colocas tu mano sobre mí.
6 Me supera ese prodigio de saber,
6 son alturas que no puedo alcanzar.
7 ¿A dónde iré lejos de tu espíritu,
7 a dónde huiré lejos de tu rostro?
8 Si escalo los cielos, tú allí estás,
8 si me acuesto entre los muertos,
8 allí también estás.
9 Si le pido las alas a la aurora
9 para irme a la otra orilla del mar,
10 también allá tu mano me conduce
10 y me tiene tomado tu derecha.
11 Si digo entonces:
11 «¡Que me oculten, al menos, las tinieblas
11 y la luz se haga noche sobre mí!»
12 Mas para ti no son oscuras las tinieblas
12 y la noche es luminosa como el día.
13 Pues eres tú quien formó mis riñones,
13 quien me tejió en el seno de mi madre.
14 Te doy gracias por tantas maravillas,
14 admirables son tus obras
14 y mi alma bien lo sabe.
15 Mis huesos no te estaban ocultos
15 cuando yo era formado en el secreto,
15 o bordado en lo profundo de la tierra.
16 Tus ojos veían todos mis días,
16 todos ya estaban escritos en tu libro
16 y contados antes que existiera uno de ellos.
17 ¡Tus pensamientos, Dios, cuanto me superan,
17 qué impresionante es su conjunto!
18 ¿Pormenorizarlos? Son más que las arenas,
18 nunca terminaré de estar contigo.
19 ¡Ojalá, oh Dios, mataras al malvado
19 y se alejaran de mí los sanguinarios;
20 arman maquinaciones en tu contra
20 y no toman en cuenta tus declaraciones!
21 Señor, ¿no debo odiar a los que te odian
21 y estar hastiado de los que te atacan?
22 Con un odio perfecto yo los odio
22 y para mí también son enemigos.
23 Examíname, oh Dios, mira mi corazón,
23 ponme a prueba y conoce mi inquietud;
24 fíjate si es que voy por mal camino
24 y condúceme por la antigua senda.



Marcos 14,43-72
Prendimiento de Jesús
43 Jesús estaba aún hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los jefes judíos. 44 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado.»
45 Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús y le dijo: «¡Maestro, Maestro!» Y lo besó. 46 Ellos entonces lo tomaron y se lo llevaron arrestado. 47 En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja.
48 Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan a un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. 49 ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen que cumplirse las Escrituras.» 50 Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y huyeron.
51 Un joven seguía a Jesús envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron; 52 pero él, soltando la sábana, huyó desnudo.
53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí. Estaban los jefes de los sacerdotes, las autoridades judías y los maestros de la Ley. 54 Pedro lo había seguido de lejos hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del Templo, calentándose al fuego.
55 Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban. 56 Varios se presentaron con falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían. 57 Algunos lanzaron esta falsa acusación: 58 «Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hom bre, y en tres días construiré otro no hecho por hombres.» 59 Pero tam poco con estos testimonios estaban de acuerdo.
60 Entonces el Sumo Sacerdote se levantó, pasó adelante y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que te acusan?» 61 Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?». 62 Jesús respondió: «Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo.»
63 El Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras horrorizado y dijo: «¿Para qué queremos ya testigos? 64 Ustedes acaban de oír sus palabras blas femas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la pena de muerte.
65 Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le golpeaban antes de decirle: «¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo lo abofeteaban.
Pedro niega a Jesús
66 Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote. 67 Al verlo cerca del fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret.» 68 El lo negó: «No lo conozco, ni entiendo de qué hablas.» Y salió al portal.
69 Pero lo vio la sirvienta y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos.» 70 Y Pedro lo volvió a negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo.» 71 Entonces se puso a maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan.»
72 En ese momento se escuchó el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.

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