DIA 110-- Josué 16--18 Salmo 111 Gálatas 2



Josué 16
Las tribus de Efraín y Manasés


1 La parte de los hijos de José comenzaba por el este, al lado del Jordán, en Jericó (en los manantiales de Jericó). Incluía el desierto que se extiende desde Jericó a Betel en la montaña. 2 Se extendía desde Betel hasta Luz y llegaba hasta la frontera de los arquitas en Atarot. 3 Se prolongaba por el oeste en dirección a la frontera de los jafleteos hasta la frontera de Bethorón de abajo y hasta Guezer, terminando en el mar. 4 Esa era la parte que correspondió a Manasés y a Efraín, hijos de José.
5 Para el territorio de los clanes de Efraín, la frontera de su posesión pasaba por Atro-arac, por Bethorón de arriba, 6 y terminaba en el mar. Al norte quedaba el Micmetat. La frontera se volvía luego al este hacia Taanat-Silo y atravesaba por el este en dirección a Janoa. 7 Descendía de Janoa hasta Atarot y Naara, pasaba por Jericó para terminar en el Jordán. 8 De Tapúa, la frontera continuaba al oeste hasta el torrente de Cana y terminaba en el mar.
8 Esa era la parte que les tocó a los clanes de la tribu de Efraín, 9 además de las ciudades (ciudades y aldeas) que fueron reservadas para los hijos de Efraín dentro de la parte de la tribu de Manasés.
10 No pudieron sin embargo expulsar a los cananeos que vivían en Guezer; éstos se quedaron en medio de Efraín hasta el día de hoy, pero fueron sometidos a tributo.


Josué 17
1 Maquir era el hijo mayor de Manasés, quien a su vez era el hijo mayor de José. Era un hombre guerrero y recibió como herencia Galaad y Basán. 2 Esto es lo que respecta a los otros hijos de Manasés y a sus clanes: los hijos de Abiezer, los hijos de Helec, los hijos de Asnel, los hijos de Sequem, los hijos de Jefer y los hijos de Semida (eran los hijos varones de Manasés, hijo de José, según sus clanes). 3 Selofejad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tenía hijos sino sólo hijas. Se llamaban: Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 4 Fueron pues a ver al sacerdote Eleazar y a Josué, hijo de Nun, y a todos los jefes. Les dijeron: «Yavé ordenó a Moisés que nos diesen una parte en herencia en medio de nuestros hermanos». Les dieron pues una posesión en medio de los hermanos de su padre, según la orden de Yavé. 5 Manasés recibió pues diez partes de más en el territorio de Galaad y Basán, 6 ya que las hijas de Manasés recibieron una posesión en medio de sus hijos. Galaad pertenecía a los otros hijos de Manasés.
7 Para el lado de Aser, constituía la frontera el Micmetat que está frente a Siquem. Esta descendía por el sur hacia Yasib, que es la fuente de Tapúa. 8 Manasés poseía en efecto la región de Tapúa, pero Tapúa, en la frontera de Manasés, pertenecía a Efraín. 9 La frontera proseguía por el torrente de Cana; al sur de ese torrente estaban las ciudades de Efraín, fuera de las que poseía Efraín en medio de las ciudades de Manasés. La frontera de Manasés pasaba por el norte del torrente y terminaba en el mar. 10 El sur pertenecía a Efraín y el norte a Manasés, y el mar era su límite. Tocaba a Aser por el norte y a Isacar por el este. 11 En el territorio de Isacar y en el de Aser, Manasés poseía Bet-Seán y las ciudades que de ella dependen, Jiblean y las ciudades que dependen de ella, los habitantes de Dor y las ciudades que de ella dependen, los habitantes de Tanac y de Megido y las ciudades que dependen de ella (esas tres ciudades están situadas en alturas). 12 Como los hijos de Manasés no pudieron apoderarse de esas ciudades, los cananeos permanecieron en el país. 13 Sin embargo, cuando se hicieron lo suficientemente fuertes, los israelitas hicieron tributarios suyos a los cananeos, pero no los exterminaron.
14 Los hijos de José dijeron a Josué: «¿Por qué nos diste como herencia un único territorio y una sola porción, siendo que somos un pueblo numeroso, pues Yavé nos ha bendecido hasta el día de hoy?». 15 Josué les respondió: «Si son un pueblo tan numeroso, suban a los bosques de los fereceos y de los refaim. Tálenlos por su cuenta, si es que la montaña de Efraín es tan pequeña para ustedes». 16 Los hijos de José le dijeron: «La montaña no nos basta, pero todos los cananeos que viven en la llanura tienen carros de hierro, como también los que viven en Bet-seán y en sus aldeas y los que viven en el llano de Jizreel». 17 Entonces Josué respondió a la gente de José: «Ustedes son un pueblo numeroso y son muy fuertes. No habrá para ustedes más que una sola porción. 18 La montaña les pertenece: corten los árboles ya que es un bosque y será de ustedes en toda su extensión. Aunque el cananeo sea fuerte y tenga carros de hierro, ustedes tomarán posesión de ella».



Josué 18
José reparte el resto del país

1 La comunidad entera de los is raelitas se reunió en Silo y allí levantaron la Tienda de las Declaraciones divinas. El país les estaba sometido. 2 Siete tribus entre los israelitas no habían recibido todavía su herencia. 3 Josué dijo entonces a los israelitas: «¿Cuánto tiempo van a esperar todavía para conquistar el territorio que Yavé, el Dios de sus padres, les dio? 4 Designen tres hombres por tribu: los enviaré a recorrer todo el país, harán un catastro de él para hacer después la repartición, luego vendrán a verme. 5 Lo dividirán en siete partes, porque Judá se quedará al sur, dentro de sus fronteras, y la casa de José al norte, dentro de sus fronteras. 6 Cuando hayan determinado las siete partes en que se dividirá el país, me las traerán y yo haré el sorteo para cada uno de ustedes delante de Yavé, nuestro Dios. 7 No habrá ninguna parte para los levitas en medio de ustedes, porque el servicio de Yavé es su herencia. En cuanto a Gad, Rubén y la media tribu de Manasés, ya recibieron su parte al otro lado del Jordán, al este: Moisés, el servidor de Yavé, se la dio.»
8 Se levantaron pues y se pusieron en camino. Josué les había dado sus instrucciones en el momento de la partida para que hicieran un catastro del país: «¡Vayan! Recorran el país, tomen nota de él y vuelvan a verme. Entonces yo haré el sorteo entre ustedes, aquí en Silo, delante de Yavé».
9 Se fueron los hombres y recorrieron el país. Hicieron por escrito la descripción del país y de sus ciudades: todo el conjunto estaba dividido en siete partes. Luego volvieron donde Josué, en el campamento de Silo. 10 Allí en Silo, Josué efectuó el sorteo entre ellos, en presencia de Yavé.
11 La primera parte fue para los clanes de Benjamín y recibieron en suerte un territorio situado entre el de Judá y el de José. 12 Por el norte, su frontera partía desde el Jordán; subía por la pendiente de Jericó y proseguía por la montaña occidental para terminar en el desierto de Betaven. 13 De allí salía la frontera hacia Luz, en la pendiente meridional (actualmente es Betel); descendía hasta Atrot-arac por medio de la montaña que está al sur de Bethorón de abajo.
14 La frontera avanzaba después al oeste, luego se volvía al sur, desde la montaña que está frente a Bethorón por el sur, para terminar en los alrededores de Quiriat-baal (actualmente Quiriat- Yearim, una ciudad de la tribu de Judá). Esto era por el lado oeste.
15 Por el sur, partiendo de Quiriat-Yearim, la frontera se dirigía a Gasín, pasaba cerca del manantial de Neftoa, 16 luego descendía hasta el final de la montaña, frente al valle de Ben-Hinón, en la parte norte de la llanura de los Refaim. Luego bajaba por el valle de Hinón, pasaba por la pendiente sur de los Jebuseos para llegar a En-Roguel. 17 Entonces proseguía hacia el norte, pasaba por En-Semés y el Guilgal que está frente a la subida de Adumim, luego bajaba hasta la Roca de Bohán (Bohán era hijo de Rubén). 18 Pasaba en seguida por Quetef en la pendiente norte de Bet-ha-arama y bajaba hasta la Arabá. 19 La frontera pasaba por la pendiente norte de Bet-hogla y terminaba en la parte norte del Mar de la la Sal, cerca de la desembocadura del Jordán. Esa era la frontera sur. 20 Por el este, el Jordán servía de frontera.
20 Esa era la posesión de los clanes de Benjamín con sus fronteras.
21 Estas eran las ciudades de los clanes de Benjamín: Jericó, Bet-hogla, Emec-Quesis, 22 Bet-ha-arabá, Semaraim, Betel, 23 Avim, Pará, Ofra, 24 Quefur-ha-amoni, Ofni, Gaba: doce ciudades y sus aldeas.
25 Gabaón, Rama, Beerot, 26 Mispé, Quefira, Mosa, 27 Requem, Jirpeel, Tareala, 28 Sela-ha-Elef, el Jebuseo (esto es, Jerusalén), Guibea y Quiriat: catorce ciudades y sus aldeas. Esa era la parte de la herencia de los clanes de Benjamín.


Salmo 111
Dios nos crea, salva y dirige

1 ¡Aleluya!
1 Doy gracias al Señor de todo corazón
1 en la reunión de los justos y en la asamblea.
2 Grandiosas son las obras del Señor,
2 las profundizan los que en ellas se complacen.
3 Toda su obra es grandeza y esplendor
3 y su justicia dura para siempre.
4 Quiso que se recordaran sus milagros,
4 ¿no es el Señor clemente y compasivo?
5 Dio el alimento a aquellos que le temen,
5 se acuerda para siempre de su alianza.
6 Mostró a su pueblo la fuerza de sus obras
6 al darle la tierra de los paganos.
7 Verdad y justicia son obra de sus manos,
7 todos sus decretos son seguros,
8 apoyados en una base inamovible,
8 portadores de verdad y rectitud.
9 Envió a su pueblo la liberación,
9 fijó con él una alianza para siempre;
9 santo y temible es su Nombre.
10 El principio del saber es temer al Señor,
10 es sabio de verdad el que así vive,
10 su alabanza perdura para siempre.


Gálatas 2
Pablo reconocido por los apóstoles

1 Hace catorce años subí de nuevo a Jerusalén con Bernabé, llevando a Tito con nosotros. 2 Siguiendo una revelación, fui para exponerles el evangelio que anuncio a los paganos. Me entrevisté con los dirigentes en una reunión privada, no sea que estuviese haciendo o hubiera hecho un trabajo que no sirve. 3 Pero ni siquiera obligaron a circuncidarse a Tito, que es griego, y estaba conmigo; 4 y esto a pesar de que había intrusos, pues unos falsos hermanos se habían introducido para vigilar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y querían hacernos esclavos (de la Ley). 5 Pero nos negamos a ceder, aunque sólo fuera por un momento, a fin de que el Evangelio les llegara en toda su verdad.
6 En cuanto a los dirigentes de más consideración (lo que hayan sido antes no me importa, pues Dios no se fija en la condición de las personas), no me pidieron que hiciera marcha atrás. 7 Por el contrario, reconocieron que a mí me había sido encomendada la evangelización de los pueblos paganos, lo mismo que a Pedro le había sido encargada la evangelización de los judíos. 8 Pues de la misma manera que Dios hizo de Pedro el apóstol de los judíos, hizo también de mí el apóstol de los paganos.
9 Santiago, Cefas y Juan reconocieron la gracia que Dios me ha concedido. Estos hombres, que son considerados pilares de la Iglesia, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé en señal de comunión: nosotros nos dirigiríamos a los paganos y ellos a los judíos. 10 Sólo debíamos acordarnos de los hermanos pobres de Jerusalén, lo cual he tenido cuidado en cumplir.
Un conflicto anterior con Pedro
11 Cuando Pedro llegó a Antioquía, yo le hice frente en circunstancias en que su conducta era reprensible. 12 En efecto, antes de que vinieran algunos allegados de Santiago, comía con los hermanos de origen no judío; pero después de que llegaron éstos empezó a alejarse, y ya no se juntaba con ellos por temor al grupo judío. 13 Los demás de raza judía lo siguieron en este doble juego, y hasta Bernabé se dejó arrastrar a esta simulación. 14 Cuando advertí que no andaban derecho según la verdad del Evangelio, le dije a Cefas delante de todos: «Si tú, que has nacido judío, te has pasado del modo de vivir de los judíos al de los otros pueblos, ¿por qué ahora impones a esos pueblos el modo de vivir de los judíos?
15 Nosotros somos judíos de nacimiento; no pertenecemos a esos pueblos pecadores. 16 Sin embargo hemos reconocido que nadie se convierte en justo por cumplir la Ley, sino por la fe que trae Cristo Jesús. Por eso hemos creído en Cristo Jesús, para ser hechos justos a través de la fe que trae Cristo, y no por las prácticas de la Ley. Porque el cumplimiento de la Ley no hará nunca de un mortal un justo.
17 Si al buscar en Cristo nuestra justificación estamos también equivocados, Cristo sería responsable del pecado. ¡Esto no puede ser! 18 Pues miren: si echamos abajo algo y luego lo restablecemos, reconocemos que hemos actuado mal. 19 En cuanto a mí, la misma Ley me llevó a morir a la Ley a fin de vivir para Dios.
19 He sido crucificado con Cristo, 20 y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Lo que vivo en mi carne, lo vivo con la fe: ahí tengo al Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. 21 Esta es para mí la manera de no despreciar el don de Dios; pues si la verdadera rectitud es fruto de la Ley, quiere decir que Cristo murió inútilmente.

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