DIA 104- Josue 1-3 Salmo 105 1 Tesalonicenses 4


Josue 1
«Yo estaré contigo»
1 Después de la muerte de Moisés, Yavé habló a Josué, hijo de Nun, el ayudante de Moisés. Le dijo: 2 «Moisés, mi servidor, ha muerto. Tú, ahora, atraviesa junto con todo el pueblo el Jordán y pasa a la tierra que daré a los israelitas. 3 Como se lo dije a Moisés, les daré cualquier lugar que pise tu pie, 4 esto es, desde ese desierto hasta el Gran Río, el río Eufrates. Todo el territorio desde los hititas al Gran Mar hacia el lado del sol poniente será su tierra.
5 Mientras vivas, nadie podrá resistirte. Estaré contigo así como estuve con Moisés, no te olvidaré ni te abandonaré jamás. 6 ¡Sé valiente y ten ánimo! Tú harás que este pueblo tome posesión del país que juré darles a sus padres. 7 ¡Sé valiente y ten ánimo! Trata de observar en todos sus puntos la ley que te dio mi servidor Moisés. No te apartes ni a la derecha ni a la izquierda, y tendrás éxito por donde vayas.
8 Releerás constantemente este libro de la Ley. Lo meditarás día y noche para que actúes en todo según lo que allí está escrito: de ese modo llevarás a cabo tus proyectos y tendrás éxito. 9 Esta es mi orden: Sé valiente y ten ánimo; no tiembles ni tengas miedo; Yavé tu Dios está contigo adonde quiera que tú vayas».
10 Josué dio esta orden a los escribas del pueblo: 11 «Recorran el campamento y den al pueblo estas instrucciones: Preparen sus provisiones, porque en tres días más van a atravesar el Jordán para ir a conquistar el país que les dará Yavé su Dios». 12 Josué se dirigió luego a la tribu de Rubén, a la de Gad y a la media tribu de Manasés: 13 «Acuérdense de lo que Moisés, el servidor de Yavé, les mandó: Yavé su Dios, dijo, les ha dado este territorio para que sea el descanso de ustedes. 14 Pero van a dejar a sus mujeres, a sus niños, y a sus rebaños en este territorio que Moisés les dio a este lado del Jordán, y pasarán armados delante de sus hermanos. Todos ustedes, que son guerreros valientes, los ayudarán 15 hasta que Yavé haya dado a sus hermanos el descanso así como lo hizo con ustedes, y hasta que tomen posesión también del territorio que Yavé les asignó. Entonces volverán ustedes a las tierras que les tocaron, es decir, al territorio que les dio Moisés, a este lado del Jordán, hacia el lado del sol naciente».
16 Le respondieron a Josué: «Haremos todo lo que nos mandes e iremos adonde quieras enviarnos. 17 Te obedeceremos en todo igual como obedecimos a Moisés. Y ojalá Yavé tu Dios esté contigo así como estuvo con Moisés. 18 Aquel que no te obedezca ni haga caso de lo que tú mandes será reo de muerte; en cuanto a ti, sé valiente y manténte firme».


Josue 2
La historia de Rahab
1 Josué, hijo de Nun, despachó desde Sitim secretamente a dos espías. Les dijo: «¡Vayan! Observen bien el terreno y la ciudad de Jericó». Después de recorrer su camino, entraron en casa de una prostituta que se llamaba Rahab; allí pasaron la noche.
2 Le avisaron al rey de Jericó: «Unos hombres israelitas llegaron aquí, han venido para observar el terreno». 3 Entonces el rey de Jericó mandó a decir a Rahab: «Haz que salgan esos hombres que se han alojado en tu casa, pues han venido para informarse de nuestro territorio». 4 Pero la mujer escondió a los hombres y respondió: «Esos hombres que llegaron a mi casa 5 se fueron al caer la noche, cuando se cierra la puerta de la ciudad, y no sé para dónde partieron. Si ustedes salen inmediatamente en su persecución, tal vez los atrapen». 6 En realidad, los había hecho subir a su terraza y los había escondido bajo unos atados de lino que tenía allí.
7 La gente se lanzó en su persecución en dirección al Jordán, hacia el lado de los vados, y apenas salieron, se cerró la puerta de la ciudad.
8 Todavía no se habían acostado los dos hombres, cuando ella los fue a ver en la terraza. 9 Les dijo: «Sé que Yavé les ha entregado este país; han sembrado el pánico en medio de nosotros y toda la gente de este país está atemorizada con ustedes. 10 Nos han dicho de qué manera Yavé secó ante ustedes el mar de los Juncos cuando salían de Egipto, y lo que ustedes hicieron a los dos reyes de los amoreos al otro lado del Jordán, a Sijón y a Og, a los que condenaron al anatema.
11 Cuando lo supimos se nos paró el corazón y al verlos acercarse todo el mundo está ahora lleno de miedo, porque Yavé, su Dios, es Dios tanto arriba en los cielos como abajo en la tierra. 12 Pero ya que les he hecho un favor, júrenme por Yavé que también ustedes harán un favor a la casa de mi padre, 13 y dejen que vivan mi padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas y todo lo que les pertenece. Líbrennos de la muerte». 14 Los hombres respondieron: «Te lo juramos por nuestras propias cabezas; con tal que tú no reveles nuestra conversación, te trataremos con bondad y fidelidad cuando Yavé nos entregue este país».
15 Los ayudó a bajar por la ventana, porque su casa estaba construida junto a la muralla. 16 Les dijo: «Huyan a los cerros para que no los encuentren los que los persiguen. Quédense allí escondidos tres días, hasta que regresen los que los persiguen, luego sigan su camino».
17 Los hombres le dijeron: «Respetaremos el juramento que te hemos hecho. 18 Cuando entremos en este territorio, amarrarás este cordón de hilo rojo a la ventana por donde nos hiciste bajar. Reunirás junto a ti, en tu casa, a tu padre, tu madre, tus hermanos y a toda la familia de tu padre. 19 Si alguno de entre ellos abre la puerta y sale de la casa, será responsable de su muerte y nosotros quedaremos libres, pero si los nuestros ponen la mano encima de cualquiera que esté contigo en tu casa, nosotros seremos responsables. 20 Pero no cuentes a nadie nuestro acuerdo, porque si no quedaremos libres del juramento que acabamos de hacer».
21 Les dijo: «Que sea como acaban de decírmelo». Los despidió y se fueron; luego amarró el cordón rojo a su ventana.
22 Los hombres al salir se dirigieron a los cerros. Allí estuvieron tres días mientras los que los perseguían buscaban a lo largo del camino, sin encontrar nada. 23 Los dos hombres entonces bajaron de los cerros y atravesaron el Jordán. Se presentaron luego a Josué, hijo de Nun, y le contaron toda su aventura. 24 Y añadieron: «Yavé ha puesto todo ese país en nuestras manos; todos los habitantes de ese país están asustados con nosotros».



Los israelitas pasan el Jordán
1 Josué se levantó muy de madrugada. Partieron de Sitim y llegaron a orillas del Jordán; allí pasaron la noche esperando atravesarlo.
2 Al cabo de tres días, los escribas recorrieron el campamento, 3-4 y dieron al pueblo estas instrucciones: «Apenas vean el Arca de la Alianza de Yavé su Dios y a los sacerdotes levitas que la transportan, dejarán el lugar donde están y la seguirán, para que les enseñe el camino, ya que es un camino por donde nunca han pasado ».
5 Josué dijo al pueblo: «Santifíquense, porque mañana Yavé hará cosas prodigiosas en medio de ustedes». 6 Y a los sacerdotes les dijo: «Tomen el Arca de la Alianza y colóquense a la cabeza del pueblo». Levantaron pues el Arca de la Alianza y se pusieron al frente del pueblo.
7 Yavé dijo a Josué: «Hoy día te voy a engrandecer en presencia de todo Israel y sabrán que estoy contigo, así como estuve con Moisés. 8 Y tú darás esta orden a los sacerdotes que transportan el Arca de la Alianza: Apenas lleguen a orillas del caudal del Jordán, se detendrán en el Jordán.
9 Josué se dirigió a los israelitas: «¡Acérquense y escuchen las palabras de Yavé su Dios! 10 Ustedes van a tener aquí la prueba de que el Dios vivo está en medio de ustedes y que por ustedes despojará a los cananeos, a los hititas, los jeveos, los fereceos, los guirgaceos, los amoreos y los jebuseos. 11 El Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra va ahora a atravesar delante de ustedes el Jordán. ( 12 Escojan doce hombres, uno para cada una de las tribus de Israel). 13 Y apenas la planta de los pies de los sacerdotes que transportan el Arca de Yavé, el Señor de toda la tierra, haya tocado las aguas del Jordán, las aguas del Jordán que vienen de río arriba se detendrán«.
14 Cuando el pueblo levantó sus tiendas para atravesar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza se pusieron a la cabeza del pueblo. 15 Era el tiempo de la cosecha y el Jordán desbordaba por todas sus orillas. Pues bien, apenas llegaron al Jordán los que llevaban el Arca, y apenas tocaron el agua los pies de los sacerdotes que transportaban el Arca, 16 el caudal que bajaba de arriba se detuvo y se amontonó a una gran distancia, a la altura de Adán, el pueblo vecino de Sartán. Durante ese tiempo, las aguas que bajaban al mar de la Araba, el Mar Salado, se derramaron porque habían sido cortadas, de tal manera que el pueblo atravesó frente a Jericó.
17 Los sacerdotes que transportaban el Arca de la Alianza de Yavé se mantuvieron inmóviles en seco, en medio del Jordán, hasta que la nación terminó de atravesarlo. Is rael pasó por un camino seco.


Salmo 105
Los comienzos de la Historia Sagrada

—Recordar el pasado puede ser una oración cuando procuramos reconocer la obra de Dios y darle gracias. Aquí se habla de los comienzos de Israel, de Abraham a Moisés; todos los acontecimientos eran proféticos, es decir, anunciaban otros favores de Dios de que hoy gozamos.
1 ¡Den gracias al Señor, su nombre invoquen, entre los pueblos anuncien sus hazañas!
2 Cántenle y toquen para él, y mediten todos sus prodigios.
3 Siéntanse orgullosos de su santo nombre, y alégrense los que buscan al Señor.
4 ¡Busquen al Señor, esto será su fuerza, busquen su cara sin cesar!
5 ¡Recuerden las maravillas que realizó, sus prodigios, las sentencias que pronunció, 6 raza de Abrahán, su servidor, hijos de Jacob, su elegido!
7 El es el Señor, es nuestro Dios, sus decisiones tocan a toda la tierra.
8 Se acuerda para siempre de su alianza, de la palabra impuesta a mil generaciones, 9 del pacto que con Abrahán concluyó, y de su juramento a Isaac.
10 Lo erigió como ley para Jacob, como alianza eterna para Israel.
11 Dijo: «Te daré la tierra de Ca naán, esa será tu parte de la herencia».
12 Aunque eran gente fácil de numerar, bien poca cosa y extraños en ese país, 13 e iban errantes de una nación a otra, de un reino a otro pueblo, 14 a nadie permitió que los oprimiera, y a reyes, por su causa, reprendió:
15 «No toquen a los que me he consagrado, a mis profetas no les hagan daño.»
16 Dejó caer la hambruna en el país, les cortó el alimento; 17 pero delante de ellos envió a un hombre, a José, vendido como esclavo.
18 Fue humillado con grillos en sus pies, y su cuello pusieron entre fierros; 19 hasta el día en que se cumplió su predicción: la palabra del Señor le dio la razón.
20 El rey ordenó que lo soltaran, el amo de los pueblos lo dejó libre; 21 lo estableció como señor de su casa, gobernador de todos sus dominios, 22 para instruir a los príncipes en su nombre y enseñar sabiduría a sus ancianos.
23 Entonces Israel entró en Egipto, Jacob se instaló en tierra de Cam.
24 Dios quiso que su pueblo creciera mucho, lo hizo más fuerte que sus adversarios, 25 les cambió el corazón y odiaron a su pueblo, y trataron de dañar a sus servidores.
26 Envió, entonces, a Moisés, su servidor, a Aarón, al que había elegido; 27 por su medio realizó las señales predichas y sus prodigios en la tierra de Cam.
28 Les envió tinieblas y todo se oscureció, pero no tomaron en cuenta su palabra.
29 Cambió sus aguas en sangre e hizo que sus peces perecieran.
30 Pululó de ranas su país hasta en las habitaciones de los reyes.
31 Habló y llegaron los mosquitos, plaga de insectos en todo su territorio.
32 En vez de lluvia les envió el granizo y rayos en todo su país.
33 Azotó sus viñas y sus higueras, rompió los árboles de su territorio.
34 Habló y llegaron las langostas y saltamontes, que eran incontables, 35 se comieron toda la hierba en su país, devoraron el fruto de su suelo.
36 Golpeó a todo primogénito, en su país, a todas las primicias de su virilidad.
37 Hizo salir a los suyos con oro y plata, y en sus tribus ninguno iba cojeando.
38 Egipto se alegró de su salida, pues el terror lo había dominado; 39 desplegó una nube como un velo, y un fuego para alumbrarlos de noche.
40 A su pedido, les envió codornices, y con pan de los cielos los sació.
41 Abrió la roca y las aguas brotaron, y por la tierra seca corrían como ríos.
42 Es que se acordó de su santa palabra que le dio a Abrahán, su servidor; 43 hizo salir a su pueblo alegremente, a sus elegidos entre gritos de gozo.
44 Les dio las tierras de otras naciones y heredaron el trabajo de otros pueblos, 45 para que así guardaran sus preceptos y observaran sus leyes.


1 Tesalonicenses 4
Pureza y trabajo

1 Por lo demás, hermanos, les pedimos y rogamos en nombre del Señor Jesús: aprendieron de nosotros cómo han de portarse para agradar a Dios; ya viven así, pero procuren hacer nuevos progresos.
2 Conocen las tradiciones que les entregamos con la autoridad del Señor Jesús: 3 la voluntad de Dios es que se hagan santos y que rehúyan la fornicación. 4 Que cada uno se comporte con su esposa con santidad y respeto, 5 y no se deje llevar por pura pasión, como hace la gente que no conoce a Dios. 6 Que nadie ofenda a su hermano en el negocio o se aproveche de él. El Señor pedirá cuentas de todas estas cosas, como ya se lo hemos dicho y declarado. 7 Dios no nos llamó a vivir en la impureza, sino en la santidad. 8 Por eso, el que no haga caso de estas advertencias desobedece, no a un hombre, sino al mismo Dios, que les da a ustedes su Espíritu Santo.
9 En cuanto al amor mutuo de hermanos, no necesitan que les escriba, ya que Dios mismo les enseñó a amarse unos a otros. 10 Ya lo practican con los hermanos de toda Macedonia, pero los invito a hacer todavía más. 11 Aspiren a una vida ordenada, atendiendo a las propias necesidades y trabajando con las propias manos, como se lo hemos mandado. 12 Al observar estas reglas serán estimados por los de fuera y no pasarán necesidad.
No se apenen como los demás
13 Hermanos, deseo que estén bien enterados acerca de los que ya descansan. No deben afligirse como hacen los demás que no tienen esperanza. 14 ¿No creemos que Jesús murió y resucitó? De la misma manera, pues, Dios hará que Jesús se lleve con él a los que ahora descansan.
15 Les damos esto como palabra del Señor: nosotros, los que ahora vivimos, si todavía estamos con vida cuando venga el Señor, no tendremos ventaja sobre los que ya han muerto. 16 Cuando se dé la señal por la voz del arcángel y la trompeta divina, el mismo Señor bajará del cielo. Y primero resucitarán los que murieron en Cristo. 17 Después nosotros, los vivos, los que todavía estemos, nos reuniremos con ellos, llevados en las nubes al encuentro del Señor, allá arriba. Y estaremos con el Señor para siempre.
18 Guarden, pues, estas palabras y confórtense unos a otros.

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