DIA 88--Deuteronomio 3,1--4,24 Salmo 89,1-18 Hechos 20,28-38



Deuteronomio 3,1-29
1 Dando una larga vuelta, tomamos el camino de Basán. Og, rey de Basán vino a nuestro encuentro con todo su pueblo y nos presentó batalla en Edreí. 2 Yavé me dijo: “No le tengas miedo porque yo lo he entregado en tus manos con toda su gente y con su misma tierra, para que hagas con él lo mismo que hiciste con Sijón, el rey amorreo que habitaba en Jesbón.”
3 Y Yavé entregó en nuestras manos a Og, rey de Basán, con todo su pueblo; los derrotamos en tal forma que no quedó nadie con vida. 4 Nos adueñamos de todas sus ciudades, no hubo población que se nos escapara; nos apoderamos de sesenta ciudades: toda la comarca de Argob, del reino de Og, en Basán. 5 Todas eran ciudades fortificadas con muros altos, con puertas y trancas, sin contar los pueblos del campo, que eran innumerables.
6 Los consagramos en anatema, exterminando a aquella gente, como lo habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón: acabamos con todas las ciudades, hombres, mujeres y niños. 7 Solamente guardamos los despojos de las ciudades y todo el ganado.
8 Nos hicimos, pues, dueños de la tierra de los dos reyes amorreos, el país de Trasjordania, desde el torrente de Arnón hasta el monte Hermón 9 (los sidonios llaman Siryón al Hermón y los amorreos lo llaman Senir). 10 Y tomamos todas las ciudades de la meseta y toda la tierra de Galaad y de Basán hasta Selca y Edreí, ciudades del reino de Og, en Basán. 11 Og, rey de Basán, era el último superviviente de la raza de los gigantes. En Rabba, ciudad de los amonitas, se muestra su cama de hierro, la cual tiene cuatro metros cincuenta de largo y dos de ancho.
12 Nos adueñamos, pues, en aquel tiempo de ese país. Yo di a las tribus de Rubén y de Gad la mitad de los cerros de Galaad con sus ciudades, desde Aroer, situada a la orilla del torrente de Arnón. 13 Y entregué a la media tribu de Manasés la otra mitad de Galaad y el Basán, el reino de Og, o sea toda la comarca de Argob y el Basán. Era llamado tierra de los refaítas.
14 Yair, hijo de Manasés, se adueñó de toda la comarca de Argob hasta los términos de los gesuritas y de los macatitas. Dio su nombre a estos pueblos que todavía hoy se llaman aldeas de Yair. 15 Lo que es a Maquir, le di parte de Galaad.
16 A las tribus de Rubén y de Gad les di parte de Galaad hasta el torrente de Arnón. Sus fronteras pasaban por el medio del torrente y, por el lado de los amonitas, el torrente de Yabok servía de frontera. 17 También les di la Arabá, siendo el Jordán su frontera desde Kineret hasta el mar de la Arabá, llamado Mar Salado, al pie del monte Pisga, al oriente.
18 Entonces yo les di estas órdenes: “Yavé, nuestro Dios, les ha dado esta tierra en propiedad. Y mientras los guerreros, todos los hombres valientes, irán armados al frente de sus hermanos israelitas, 19 sus mujeres, sus hijos y sus rebaños, sus numerosos rebaños, se quedarán en los pueblos que yo les he dado. 20 En cuanto Yavé haya dado a sus hermanos un lugar de descanso, como ya hizo para ustedes, y se hayan adueñado de la tierra que les daré al otro lado del Jordán, entonces cada uno de ustedes volverá aquí a la heredad que les he dado.
21 En aquel tiempo di también instrucciones a Josué. Le dije: “Con tus propios ojos has visto lo que Yavé ha hecho con estos dos reyes: así lo harás con todos los reinos donde has de pasar; 22 no los teman, porque Yavé combate por ustedes.”
23 Entonces supliqué así a Yavé: 24 “Yavé, mi señor, tú has comenzado a manifestar tu grandeza y tu mano fuerte; pues ¿qué Dios hay en los cielos o en la tierra que pueda hacer obras y hazañas como las tuyas? 25 Déjame, por favor, pasar y ver esta espléndida tierra del otro lado del Jordán, aquellos espléndidos cerros y también el Líbano.”
26 Pero Yavé se había enojado conmigo por culpa de ustedes y no me escuchó, antes bien me dijo: “Basta ya, no me hables más de eso, 27 pero sube a la cumbre del Pisga y desde allí mira al oeste y al norte, al sur y al oriente. Tú verás la tierra, pero no pasarás ese Jordán. 28 Da tus órdenes a Josué, dale autoridad y dale ánimo, pues él es quien ha de encabezar a ese pueblo y le distribuirá la tierra que vas a ver.” 29 Nos quedamos, pues, en el valle frente a Bet-Peor.


Deuteronomio 4,1-24
Observen la ley

1 Y ahora, Israel, escucha las normas y los mandamientos que yo te enseño, para que los pongas en práctica. Así vivirás, y entrarás al país que te da Yavé, Dios de tus padres, y tomarás posesión de él.
2 No añadirás nada a lo que yo te mando, y no le quitarás nada, sino que guardarás los mandamientos de Yavé, tu Dios, tal como yo se lo ordeno. 3 Has visto con tus propios ojos lo que hizo Yavé en Baal-Peor, pues acabó con todos aquellos que se fueron tras el baal. 4 En cambio ustedes, que fueron fieles a Yavé, su Dios, están hoy todos vivos.
5 Mira: como Yavé, mi Dios, me ha ordenado, te he enseñado normas y leyes para que las pongas en práctica en la tierra en que vas a entrar y que pasará a ser tuya. 6 Si las guardan y las practican, pasarán por sabios e inteligentes a los ojos de los pueblos que tengan conocimiento de todas estas leyes; y dirán: “¡Qué pueblo tan grande! Sólo él tiene sabiduría e inteligencia.”
7 En verdad, ¿qué nación hay tan grande, cuyos dioses se acerquen a ella como lo hace para nosotros, siempre que lo invocamos, Yavé, nuestro Dios? 8 ¿Y qué nación hay tan grande que tenga normas y mandamientos tan justos como esta ley que yo te entrego hoy?
9 Pero ¡fíjate bien! Ten mucho cuidado de no olvidarte de estas cosas que tus ojos han visto. Guárdalas en tu interior todos los días de tu vida, y repíteselas a tus hijos y a tus nietos.
10 Me refiero al día en que ustedes estuvieron en presencia de Yavé en el monte Horeb y él me dijo: “Reúneme al pueblo para que oiga mis palabras. Así me temerán mientras vivan en esa tierra y enseñarán estas palabras a sus hijos.” 11 Entonces ustedes se acercaron y permanecieron al pie del monte. Este ardió en llamas hasta el mismo cielo entre tinieblas de nube y espesa niebla. 12 Yavé les habló entonces en medio del fuego. Ustedes oyeron el rumor de las palabras, pero no vieron figura alguna, sólo oían una voz.
13 Y Yavé les dio a conocer su Alianza, en la que les ordenó observar sus diez mandamientos, y los escribió en las dos tablas de piedra. 14 En aquel día a mí me ordenó enseñarles las normas y los mandamientos que ustedes pondrán en práctica en la tierra donde van a entrar y que pasará a ser suya.
15 Mediten bien lo que van a hacer. Ustedes no vieron figura alguna el día en que Yavé les habló en el monte Horeb en medio del fuego. 16 Por tanto no vayan a corromperse: no se hagan un ídolo, o sea, cualquier cosa esculpida con forma de hombre o de mujer; 17 ni con forma de algún animal de los que viven en la tierra, o de algún ave que vuela en el cielo; 18 ni de algún reptil de los que se arrastran sobre la tierra, ni de algún pez de los que viven en el agua debajo de la tierra. 19 Cuando mires al cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todos los astros del firmamento, no te dejes arrastrar a adorarlos como dioses y a servirlos, pues Yavé, tu Dios, dejó que fueran la parte de los demás pueblos, 20 pero a ustedes los tomó y los sacó del horno que es Egipto, para que fueran su propio pueblo como lo son ahora.
21 Por culpa de ustedes Yavé se enojó contra mí y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la espléndida tierra que él les da en herencia. 22 Pero aunque yo muera en este país y no pase el Jordán, ustedes lo pasarán y poseerán esa espléndida tierra. 23 Guárdate, pues, de olvidar la Alianza que Yavé ha pactado contigo y no te hagas ídolos, o sea imágenes de todo lo que Yavé tu Dios te ha prohibido. 24 Sepas que Yavé, tu Dios, es un fuego devorador, un Dios celoso.



Salmo 89,1-18
Tu favor y tu fidelidad.

—Dios es fiel; construye la historia y dirige nuestra vida conforme a sus promesas, que nunca fallan.
2 El amor del Señor por siempre cantaré, tu fidelidad proclamaré de siglo en siglo; 3 yo digo: tu favor es eterno, al hacer el cielo, pusiste en él tu fidelidad.
4 Una alianza hiciste con tu preferido, le juraste a David, tu servidor: 5 «Establecí tu linaje para siempre, asenté tu trono de siglo en siglo.»
6 Señor, los cielos celebran tus maravillas, y tu fidelidad, la asamblea de los santos.
7 Pues, en las nubes, ¿quién es igual al Señor? ¿Quién se le parece entre los hijos de los dioses?
8 Dios terrible en la asamblea de los santos, grande y temible para toda su corte.
9 Señor, Dios Sabaot, ¿quién como tú? ¡Poderoso Señor, tu fidelidad te envuelve!
10 Tú dominas el orgullo de la mar; si levanta sus olas, tú las calmas.
11 Tú aplastaste al Monstruo, y quedó tendido; tu brazo dispersó a tus enemigos.
12 Tuyos son los cielos, tuya es la tierra; el mundo y su contenido tú lo fundaste.
13 El norte y el sur tú los creaste, el Tabor y el Hermón celebran tu nombre.
14 Tuyo es el poder y tuyas las hazañas, potente es tu mano, rápida tu derecha.
15 Justicia y derecho son la base de tu trono, Amor y Fidelidad van delante de ti.
16 Dichoso el pueblo que sabe aclamarte, y que avanza a la luz de tu faz, Señor; 17 tu Nombre es su alegría todo el día y lo ensalza tu justicia.
18 Tú eres el brillo de su poder, de tu bondad nos viene la victoria.
19 Nuestro escudo está en la mano del Señor nuestro rey, en manos del Santo de Israel.
20 En una visión tú hablaste en otro tiempo refiriéndote a tu amigo, tú dijiste: «He prestado mi apoyo a un valiente, lo he sacado del pueblo y exaltado.
21 Encontré a David mi servidor, y lo ungí con óleo santo, 22 lo sostendrá mi mano y mi brazo lo fortalecerá.
23 El enemigo no podrá sorprenderlo ni podrá el malvado oprimirlo.
24 Aplastaré delante de él a sus agresores, les pegaré a los que lo odian.
25 Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán, mi Nombre le asegurará la victoria.
26 Extenderé su mano sobre el mar, y sobre los ríos su derecha.
27 El me podrá invocar: «¡Tú eres mi Padre, mi Dios y la roca donde me refugio!»
28 Haré de él mi primogénito, el más famoso de los reyes de la tierra.
29 Para siempre mi amor le mantendré, y seré fiel a mi alianza con él.
30 Estableceré su descendencia para siempre, y haré que su trono dure como los cielos.
31 Si sus hijos abandonan mi ley y no andan según mis decisiones, 32 si profanan mis preceptos y no guardan mis mandamientos, 33 castigaré a varillazos su pecado y con golpes su falta; 34 pero mi amor no se lo quitaré ni renegaré de mi fidelidad.
35 No romperé mi alianza ni cambiaré lo que salió de mis labios.
36 Lo juré una vez por mi santidad: ¡Yo no le mentiría a David!
37 Su descendencia durará para siempre, su trono como el sol se mantendrá ante mí.
38 Está allí para siempre como la luna, ese testigo fiel más allá de las nubes».
39 Pero tú lo rechazaste y repudiaste, te enojaste con tu ungido.
40 Renegaste de la alianza con tu siervo y arrojaste por tierra su corona.
41 Hiciste huecos en todos sus cercos, arruinaste sus fortificaciones.
42 Los que pasan por el camino la saquean, y sus vecinos le faltan el respeto.
43 Levantaste la diestra de sus adversarios y alegraste a sus enemigos.
44 Sus armas se volvieron atrás, y no lo sostuviste en el combate.
45 Hiciste caer el cetro de su mano y por tierra su trono derribaste.
46 Acortaste los días de su juventud, y lo cubriste de vergüenza.
47 ¿Hasta cuándo, Señor, vas a ocultarte?
47 ¿Arderá siempre como fuego tu enojo?
48 Recuerda, Señor, lo que es nuestra existencia, y para qué nada hiciste a los humanos.
49 ¿Quién vivirá y no verá la muerte? ¿Quién salvará su vida de las garras del abismo?
50 ¿Dónde están, Señor, tus favores de antes, tus juramentos a David, tu fidelidad?
51 Recuerda, Señor, las afrentas a tus siervos, (llevo en mi seno todos esos ultrajes). 52 ¡Cuántos insultos de tus enemigos, Señor, cómo insultan las huellas de tu ungido!
53 ¡Bendito sea el Señor eternamente, Amén, amén!



Hechos 20,28-38
28 Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha puesto como obispos (o sea, supervisores): pastoreen la Iglesia del Señor, que él adquirió con su propia sangre.
29 Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño. 30 De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31 Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.
32 Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra, portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos.
33 De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. 34 Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben. 35 Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: «Hay mayor felicidad en dar que en recibir.»
36 Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. 37 Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. 38 Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

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